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DOI: https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i4

AGUSTÍN DE MONTIANO Y LUYANDO

Nombre u obra homónima: Agustín Gabriel de Montiano y Luyando

Lugar de nacimiento: Valladolid

Otros nombres: Agustín Montiano, Agustín Montiano y Luyando, «el Humilde», Leghinto Dulichio

Geografia vital: Zaragoza, Palma de Mallorca, Sevilla, Madrid

Año de nacimiento: 1697

Año de fallecimiento: 1764

Lengua de escritura: español -

Género literario: a:4:{i:0;s:18:"Crítica literaria";i:1;s:8:"Historia";i:2;s:17:"Melodrama lírico";i:3;s:8:"Tragedia";}

Movimiento literario: a:1:{i:0;s:13:"Neoclasicismo";}

Relaciones literarias y personales: Blas Antonio Nasarre, Ignacio de Luzán, Nicolás Fernández de Moratín; Diego de Torres Villarroel; José Antonio Porcel; Alonso Verdugo de Albornoz y de la Cueva (conde de Torrepalma).

Temática:

Investigadores responsables: Sánchez Manzano, María Asunción -

por María Asunción Sánchez Manzano

 

Biografía

Nació Agustín de Montiano y Luyando en Valladolid el 28 de febrero de 1697, descendiente de una familia noble, hijo de Francisco Antonio de Montiano y de su esposa, Manuela de Luyando y Ortiz de Velasco, natural de la villa de Mediana, en el valle de Mena (Burgos). La rama materna de la familia, provenía del valle de Orozco, del señorío de Vizcaya. Su sobrino, Eugenio Llaguno y Amírola, elogió sus antecedentes familiares de esta manera (ff. 2r-9r del mss. 11/260/11 de la BNE): «los Montianos, tiene su casa torre solaz mui antigua en el lugar de Montiano, valle de Mena. El dueño de esta casa pasó a vivir a Bilbao a principios del siglo pasado, donde se casó con la Señora de la primera distinción, y lo mismo han executado sus descendientes. Actualmente posee la Casa/ f. 2v Don Agustín de Montiano, hijo de Don Manuel de Montiano Teniente General de los Reales Exercitos que defendió La Florida en la guerra pasada, hermano de Joseph de Montiano, que murió Consejero de Castilla, ambos tíos del difunto director. La familia de Luyando es mui ilustre en Vizcaya. Posehe actualmente por casamiento en el Valle de Mena uno de los antiguos solares del Apellido de Velasco, conocido con el nombre de Casa de Medianas, por estar sito en el Lugar de este nombre. De esta Casa era hija Doña Manuela de Luyando, hermana de la madre del Abad de Vivanco, Secretario que fue del Patronato, y de la Marquesa de Legarda». El padre de Agustín Gabriel de Montiano, Francisco Antonio, desempeñó el cargo de secretario del Almirante de Castilla, reanudando sus servicios tempranos a la corte, a los veinte años. Su abuelo fue el primero que se estableció en Valladolid.

Agustín estudió Gramática, Retórica y poesía latina en el Colegio de San Ambrosio de Valladolid. Quedó al cuidado de sus abuelos tras la muerte de su padre, en 1701, y de su madre, en 1704. Cuando en 1708 murió su abuelo, encontró amparo en la generosidad de su tío, Agustín Francisco, que era ministro de la Real Audiencia en Zaragoza. En esta ciudad comenzó su formación en el Colegio del Padre Eterno, donde estudió Filosofía. Allí también estudió Jurisprudencia, y tuvo a Blas Antonio Nasarre como profesor, a quien el vallisoletano dedicaría un elogio con motivo de su fallecimiento el 4 de agosto de 1751.

La batalla de Zaragoza de 1710, contra los partidarios de la casa dinástica de Borbón, determinó que tío y sobrino dejaran precipitadamente la ciudad del Ebro. Ya en Valladolid, habiendo perdido todos sus bienes, el antiguo ministro recibió el encargo la Audiencia de Mallorca, lugar en el que su sobrino, abandonando el estudio profesional de las leyes, se dedicó a la historia y a las letras. Reunió un círculo literario del que era asiduo el conde de Mahoni, coronel del regimiento de Dragones de Edimburgo. Escribió poesía y un melodrama mitológico, a la manera de los de Calderón de la Barca, titulado La lira de Orfeo, celebrado en el carnaval de 1719.

En 1727 se trasladó a Madrid, pero el fallecimiento de su tío, que había sido nombrado para ocupar en la capital una de las fiscalías del Consejo de Hacienda, determinó su decisión de viajar a Sevilla, donde se había establecido entonces la corte. Gracias al ministro Joseph Patiño, obtuvo el cargo de secretario de la Junta de comisarios españoles e ingleses, que desempeñó hasta 1735. De regreso a Madrid, se le designó para la Primera Secretaría Universal del Estado, cuando allí se desplazó la corte. Se había casado con María Josefa Manrique, de la cámara de la Reina, e hija del Mariscal de Campo Diego Antonio Manrique, en 1734.

En la tertulia de Julián de Hermosilla, abogado de los Reales Consejos, fue presentado por Manuel de Roda. Esta fue la ocasión del «Discurso para declarar en qué consiste la verdadera honra y qué lo que vulgarmente se llama punto de honor» de Montiano. Durante esos encuentros, se fue creando el ambiente en el que surgió la Academia de la Universal, cuyos estatutos y el plan de Diccionario Histórico Críticoredactó el mismo Agustín de Montiano. La atención que suscitó esta Academia, que desde 1735 adoptó el título de Academia Española de la Historia, justificó la solicitud de un permiso para reuniones en la Real Biblioteca. En el año 1737 fue admitido también como académico supernumerario de la Real Academia de la Lengua. La aprobación real de la Academia de la Historia llegó en abril de 1738.

Consiguió un ascenso a Oficial Mayor de la Secretaría de Estado en 1740 y por sus buenos oficios, el rey le concedió la función de Cronista de la corona, al tiempo que una renta anual de cuatro mil ducados para la nueva Real Academia Española de la Historia, desde 1744. En la recién fundada institución, reconociendo los méritos de estas gestiones, los demás miembros eligieron a Agustín de Montiano para presidirla. Dos años más tarde se le encomienda la Secretaría de la Cámara de Gracia y Justicia de la corona de Castilla.

Además, la significación del vallisoletano en los círculos culturales se intensificó entre 1749 y 1751 con su participación en la Academia del Buen Gusto, que se reunía en casa de la marquesa de Sarriá, donde se le conocía como «el Humilde». En cuanto a sus opiniones artísticas, apoyaba los criterios de su amigo de estas tertulias, Ignacio de Luzán.

En los comienzos del reinado de Fernando VI, aprovechando la estabilidad política, desarrolló al máximo su afición a la literatura, aunque desempeñaba la Secretaría de la Cámara de Gracia y Justicia de la corona de Castilla. Fue invitado a participar como miembro de la Academia de los Árcades en Roma, donde se le conocía con el sobrenombre de Leghinto Dulichio. Su amigo Nicolás Fernández de Moratín también fue miembro de esa Academia italiana.

Pronto la Academia de los Desconfiados de Barcelona, que había solicitado su mediación, consiguió el título de Real Academia de Buenas Letras. en enero de 1752, y sus académicos agradecidos le acogieron también como miembro honorario. Colaboró entonces en la fundación de una Academia de Buenas Letras en Sevilla. En octubre de ese año de 1752, Agustín de Montiano fue nombrado académico de honor de la Academia de Nobles Artes de San Fernando, y en 1754, consiliario de esa institución. Contribuyó a redactar sus estatutos de 1757. Dos años después, en 1759, le llegó el título de académico de la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo, porque el presidente de ella, Kiril Rasumnowski había reconocido su labor literaria. Y todavía en 1760 fue nombrado nuevo académico extranjero de la «Academia de los Renacidos «de la ciudad de Bahía de Todos los Santos», en Brasil.

Tales circunstancias parecían una premonición de su muerte, que se produciría el día de Todos los Santos de 1764. Fue enterrado en el cementerio del Hospital de la Buena Dicha de Madrid.

 

Producción literaria

La obra literaria de este autor corresponde a la moda del gusto neoclásico. La etapa más productiva de su actividad literaria está comprendida entre los años 1719 y 1755.

El joven Agustín de Montiano magnificó la entronización del rey Luis I con una obra panegírica, en la que se intercalan diversas piezas poéticas bajo el título de Basta copia de las festivas demostraciones, con que la fidelissima ciudad de Palma y sus nobles patricios han celebrado la feliz proclamación de nuestro amado Rey Don Luis…, publicada por Pedro Antonio Capó en 1724 en 4º.

En 1727, con motivo de la canonización de los jesuitas San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka -que fueron celebradas por el padre Isla en La juventud triunfante– se organizaron unas justas poéticas en las que participó Montiano y Luyando, aunque sin obtener premio por sus octavas.

En 1742 se publicó de nuevo La lira de Orfeo -que había aparecido en 1719- para su representación en el Teatro de Palma con los músicos de la Catedral, según se indica en la portada, del impresor Miguel Cerda y Antich.

Entre estas primeras obras que escribió, animado por sus contertulios de Palma de Mallorca, destaca El robo de Dina, un Poema bíblico -que ocupaba tan solo 16 hojas en 8º- publicado en Madrid, gracias al impresor Alonso Balvás en 1727, inspirándose en un famoso título de Lope de Vega.

En 1749 leyó en la Academia de la Lengua un Discurso sobre el estudio. Su biógrafo Cándido MaríaTrigueros (p. 86) recogía entre las obras de su elogiado Montiano una Oración de la Academia Española al rey N. S. con motivo del matrimonio de la Serenísima infanta doña María Antonia con el Serenísimo Sr. Duque de Saboya, de 1750. En esta clase de discursos testimoniaba su lealtad y agradecimiento a la corona.

Con el refrendo de haber sido acogido en la Academia del Buen Gusto, reunida en la calle del Turco por la aristócrata Josefa de Zúñiga y Castro, condesa de Sarriá, dio a conocer en 1750 un Discurso sobre las tragedias españolas, que publicó Joseph Orga en la Imprenta del Mercurio. En su portada, el autor ostentaba los cargos del Consejo de Su Majestad, secretario de la Cámara de Gracia y Justicia y Estado de Castilla, y director perpetuo por S. M. de la Real Academia de la Historia y Académico de la Real Academia Española. Reunía también en sus páginas una aplicación de sus criterios literarios en la obra dramática Virginia, que había compuesto de acuerdo con las directrices marcadas por su amigo Ignacio de Luzán en su Poética de 1737. Según Fernández Cabezón (1989: 140) el motivo de este discurso fue la lectura de la obra publicada en París por un autor francés (M. de Perron de Castera) titulada El teatro español (1738). En el primer discurso, Montiano revisaba la producción de tragedias españolas que conocía, haciendo crítica de algunas de ellas, y afianzando la norma de las tres unidades para la composición de esta clase de piezas dramáticas. Con el Discurso II, el vallisoletano completaba su estudio del género literario de la tragedia, en los aspectos del aparato teatral y de los actores. Montiano y Luyando compuso la tragedia Virginia aprovechando las fuentes históricas de Tito Livio (3, 33-59) y Dionisio de Halicarnaso (11, 1-46) para realizar una interpretación del drama histórico.

También de interés para observar las normas del gusto neoclásico son unas Notas para el uso de la Sátira (en las «Memorias literarias de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras», tomo II, publicado a expensas de su director D. Francisco del Cerro, pp. 233-247) en las que aboga por un género de composiciones moderado en el contenido, respetuoso con las personas, preferentemente escrito en tercetos castellanos, si es en prosa, dialogado.

Compuso una Égloga amorosa para la Academia del Buen Gusto, como muestra de su madurez poética, que había ejercitado en la escritura de varios sonetos y liras en honor de su maestro Blas Antonio Nasarre.

En 1753 publicó un segundo Discurso sobre las tragedias españolas, junto con la tragedia Athaulpho.

 

Tradición textual

En la BNE se conserva un manuscrito titulado «Noticias dadas por Llaguno para el elogio y oración fúnebre del Señor Montiano y Luyando» (signat. Mss/11260/11) que contiene datos recogidos por el sobrino de Montiano, Eugenio de Llaguno y Amirola (mss/11260/11: ff. 2r-9r) para la redacción de un elogio fúnebre, que proporciona algunos datos interesantes y curiosos sobre la procedencia de la familia y la juventud del autor. Eugenio Llaguno añadía una breve relación sobre los diferentes géneros literarios que practicaba su tío Agustín: tanto Observaciones sobre la oda o canción, como Reflexiones sobre la égloga, Notas para el uso de la sátira, (seguidas de cuatro sátiras en tercetos), Avisos para traducción (con varias imitaciones de Horacio), Observaciones sobre el ritmo y la consonancia en defensa del verso suelto, Advertencias generales sobre la poesía, y un Examen de varios poetas castellanos, después de escritas diversas poesías en una variedad de metros.

En cuanto a su obra, anotaba también una anécdota acerca de una de las primeras obras del vallisoletano (f. 4r): «Hizo entonces un poema del Robo de Dina en octavas semejante, y en ciertas cosas mejor que la Rachel de Ulloa, y una Composición Teatral, o ópera a la Moda Italiana intitulada La Lira de Orfeo». f. 4v Era amigo del Conde de Mahoni. Este no corría bien con el Comandante General Don Joseph de Chaves. Se esparcieron algunos papeles satíricos, y sus respuestas, y hubo quien atribuyese los papeles al Conde, y sus amigos. A este tiempo dieron una noche de palos al Asesor del Comandante, el qual y algunos oidores de la Audiencia sus partidarios hicieron las mayores pesquisas para averiguar los apaleadores. Tenían deseo de atribuirlo a Mahoni, Montiano, y otro amigo suyo; y para que hubiese quién declarase a lo menos de oydas, vertieron la voz de que eran ellos. Sin justificación alguna los pusieron a cada uno en su Castillo. Siguiese la Causa, recusaron al Comandante y Jueces Comisarios que eran Oydores de la Audiencia, y habiendo venido de orden del Rey la Causa al Consejo de Guerra, por sentencia suya fueron dados por libres de la acusación, condenando a los Jueces con las costas tasada en mil Ducados. Antes de esta Sentencia estaban/ f. 5r ya libres los supuestos Reos al fin de 9 meses de prisión. Don Agustín se vino a Madrid el año de 1727, y poco después le siguió su tío, por haverle conferido el Rey una de las Fiscalías del Consejo de Hacienda. f. 5v El de 1736 a 6 de marzo entró en la Academia Española. f. 7r A excepción de la Academia de Valladolid, ninguna se fundó en su tiempo sin su intervención o su asistencia después de fundada».

Además, se encuentra otra lista de las obras de Montiano en la colección de estudios publicada por el marqués de Laurencín (pp. 363-365). Se editaron también en este volumen las Tareas de discurso logradas del ocio en las oficinas de la voluntad y entendimiento (1717), el Discurso para declarar en qué consiste la verdadera honra, y en qué lo que vulgarmente se llama punto de honor (1735), el Dictamen de la Academia de la Historia sobre la espada que se halló en el mes de noviembre del año próximo pasado dentro del macizo de una de las paredes del torreón que se demolía en el convento de San Juan y San Pablo de la villa de Peñafiel (1735), dos poemas dedicados a Marfisa, catorce sonetos, la carta a Miguel Cebrián, las liras en honor de Nasarre, seis oraciones para comenzar las reuniones de la Academia, un soliloquio, endechas reales, dos glosas, tres cantadas y la fábula de Eurídice y Orfeo.

De los festejos por el nuevo rey Luis I, relatados en la Basta copia de las festivas demostraciones se conservan copias en la BGCyL (sign. Fondo antiguo G-E-735) y en la BNE (sign. VE/1354/7).

Hubo una segunda publicación conjunta de estas obras críticas, a partir de los dos volúmenes de Discurso (I y II) sobre las tragedias españolas de Don Agustín de Montiano y Luyando, del consejo de S. M. su secretario de la Cámara de Gracia y Justicia, y Estado de Castilla, director perpetuo por S. M. de la Real Academia de la Historia, y Académico de la Real Academia Española (con las dos tragedias tituladas Virginia y Athaulpho), publicados en la imprenta del Mercurio por Joseph de Orga, [1750]-1753 que se pueden consultar en la BNE signat. T/8408 y T/8409; hay una segunda impresión del mismo año T/18512 y T/18513. De los dos discursos sobre la tragedia en la literatura española, publicados en Madrid en 1750 y en 1753, la Biblioteca de Castilla y León conserva sendos ejemplares (G-E 815; G-E 817). Del primero se encuentra además otro en la Biblioteca diocesana Zamora (V/1914).

Para las sesiones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, después de su incorporación en 1752, y con ocasión de una distribución de premios, compuso una Égloga, una Oda y una Oración o discurso, que se conservan impresas en los tomos I y II de Premios y Resumen de Actas de esta Academia, y de otra manera, en la Distribución de los premios concedidos por el Rey Nuestro Señor a los discípulos de las tres Nobles Artes hecha por la Real Academia de San Fernando, publicada en Madrid, en la oficina de Don Gabriel Ramírez, en 1755 (págs. 55-66).

En la relación del marqués de Laurencín citada, se indicaba la publicación de una Égloga amorosa, en el tomo LXVII, p. 490, de la Biblioteca de Autores Españoles: Poetas líricos del siglo xviii.

Para la Academia Sevillana de Buenas Letras, escribió una Égloga con un discurso sobre esta naturaleza de poesía.

Se ha conservado también un Epistolario del marqués de Valdeflores a Agustín Montiano en un códice que se puede consultar en la BNE con las cartas autógrafas de Luis José Velázquez de Velasco, marqués de Valdeflores, con motivo de un viaje científico por España.

Entre los manuscritos de la Biblioteca Nacional (con la signat. MSS/18677/8) encontramos asignada a Montiano una «Copia de la declaración de hidalguía del apellido de Bravo, por Fernando VI, concedida por decreto de 16 de febrero, firmado en Buen Retiro, 7 de abril de 1750, a pedimento de Don Manuel, Don Lorenzo y Don Francisco Bravo».

De la obra El robo de Dina existe un ejemplar en la Biblioteca de Castilla y León (Fondo antiguo G-E 1053). La obra está precedida por un argumento en prosa.

La publicación de la semblanza del antiguo profesor de Montiano, con el título de Elogio histórico del Doctor Don Blas Antonio Nassarre y Ferriz, Académico de la Real Academia Española, Bibliothecario Mayor de S. M., Prior de San Martín de Acoba, Dignidad de la santa Iglesia de Lugo, Prior también de la Insigne Colegiata de Santa María de Alquezar, hecho de orden de la misma y Real Academia y leído en su Junta de 4 de Agosto de 1751 se realizó en Madrid, en la Imprenta del Mercurio, por Joseph de Orga. Se conservan varias copias en la BNE (2/55942; 2/67500; 3/9248; U/422; DGMicro/47239).

En la lista recogida en el volumen del marqués de Laurencín se citaban también unos «Reparos que se pusieron al Proyecto de Tratado de Fontainebleau entre el Rey Nuestro. Señor, y S. Magd. Christianissima». Archivo Histórico Nacional. Sección de Estado. Legajo 3583. Carpeta A, núm. 15. 6 hojas en folio. Rosalía Fernández Cabezón (2009: 819) considera este informe en el apartado de las obras de Montiano.

Por otro lado, también en la relación citada se advierte de un documento del Archivo Histórico Nacional. Sección de Estado. Legajo 3383, letra D. lo hojas en folio, que contiene el «Origen, curso y estado de las negociaciones pendientes antes de ajustarse el Tratado de paz de Aquisgrán de 1745». En la relación se dice: «Está escrito de puño de Don Agustín de Montiano y Luyando, y el estilo es también el suyo».

Según Cándido María Trigueros (1843: 85), Montiano escribió un memorial en derecho y otros memoriales para presentar en la cámara, y, en particular, uno a favor del cabildo de capellanes reales de Nájera, en el pleito que sostuvieron contra el monasterio de benedictinos de aquella ciudad. También un Cotejo de la conducta de S. M. con el rey británico, así en lo acaecido antes de la convención de 14 de enero de 1739, como en lo obrado después hasta la publicación de represalias, y en declaración de guerra, impreso en el mismo año 1739.

Como director de la Real Academia de la Historia, se interesó por la arqueología, y de ello da prueba la correspondencia con el Dr. D José Alsinet, que le escribió desde Mérida sobre antigüedades encontradas en la ciudad (Trigueros 1843: 85).

Como editor, Agustín de Montiano sacó a la luz en 1752 Oración panegírica en la fiesta de San Ignacio de Loyola que pronunció el padre Juan de Aravaca. Se conserva un ejemplar en el Seminario de Astorga FA. 4869 (8).

 

Recepción crítica

La Égloga publicada el 5 de octubre de 1747, con 1846 versos, fue localizada en los archivos de la Real Academia y editada por Rosalía Fernández Cabezón (1988; 1989: 89-107), la investigadora que más se ha interesado por Agustín de Montiano. Suya es la crítica de las composiciones poéticas y de los discursos para las sesiones de las Academias (1989: 23-72), del poema El robo de Dina (1989:73-89), de las liras en honor de Blas Antonio Nasarre (1989: 108-109) y de los sonetos (1989: 109-113).

A pesar de las palabras «juicio crítico» que aparecen en el título de la obra panegírica de Cándido María Trigueros, sus observaciones se reducían a poco más que una lista de la producción del vallisoletano. El Elogio de Trigueros corresponde a un texto sobre la vida de D. Agustín de Montiano y Luyando, datado en 1770, ms. signat. 9/8704 de la Real Academia de la Historia.

Del examen que hacía Trigueros de la obra de Montiano solamente destacamos el escaso aprecio que muestra por la dramaturgia del autor que elogia (p. 88 «La Virginia y Athaulpho salieron tibias. Quien las lee, como que percibe el arte, no obstante la suma felicidad que tenía D. Agustín para ocultarle en todas sus obras: mueve su autor todo cuanto puede, pero debiera mover más. Pinta la naturaleza, pero no la bella naturaleza»). En concreto, la crítica de Trigueros apuntaba a la técnica de la composición de Montiano (p. 88):

«Al defecto de genio teatral se agregó también el género de verso. Amaba mucho D. Agustín el verso suelto y le defendía con esmero; pero no era posible que infundiese su gusto en los oídos de todos. Este metro es para los más frío, e insípido; y fuera de ser el más difícil, si ha de ser bueno, es cuasi imposible poner en todos los versos aquella cadencia, y armonía que debe suplir en el oído los efectos de la rima. / p. 89 Nuestra lengua no es de la naturaleza de la griega y la latina, ni el mecanismo de nuestra poesía como el de aquellas: no se sufre entre nosotros tanta traslocación como entre aquellos; ni el desfigurar nuestras palabras como entre los ingleses y los italianos; sin estas dos licencias no es posible que una obra compuesta de muchas conversaciones largas, esté libre de versos poco armoniosos, cosa que es insufrible en el verso suelto, y muy tolerable donde hay rima. Alguno ha puesto asonantes a algunas escenas de las tragedias de D. Agustín, y han sonado como más animadas: aquel género de verso, no creo que parecerá jamás bien en el teatro español; solo en alguna fábula o idilio podrá agradar en tal cual ocasión».

La tragedia Athaulpho mostraba un estilo más depurado y una mayor madurez literaria que la primera pieza, Virginia. Sorprende el desprecio de Trigueros hacia las dos obras por igual. Siguiendo su opinión, MarcelinoMenéndez Pelayo desestimó las dotes poéticas de Montiano para la tragedia (p. 257).

José Juan Berbel (2003: 309-476) dedicó un extenso y detallado estudio sobre las dos tragedias de Montiano y Luyando, poniendo en valor su composición ( uno de los apartados lleva el título de «Injusta suerte de Virginia y Ataulfo en la actualidad») en comparación con otras obras contemporáneas, y destacando la fidelidad a las normas neoclásicas más reconocidas.

Sin duda, la producción de Montiano es un notable ejemplo de la literatura neoclásica española, y del espíritu que animaba las Academias literarias y científicas, que colmaban las exigencias de ocio de una élite cercana a la corte.

 

Recepción socio-literaria

El éxito alcanzado con La lira de Orfeo en 1719 facilitó la entrada de Agustín de Montiano y Luyando en los círculos literarios de Madrid. En 1727 se trasladó a la capital, donde publicó el poema bíblico, El robo de Dina, dedicado a su amigo de Mallorca, el Conde de Mahoni, del que se conserva un manuscrito en la BNE.

A partir de 1747 fue desarrollando su afición por la literatura, cada vez más intensa a medida que disponía de empleos estables en la corte. En sus comienzos situamos la lectura de una Égloga para la Academia Española. Cuatro años después, animado por los académicos sevillanos, escribió unas Reflexiones sobre la égloga, así como unas Notas para el uso de la sátira.

Del primero de sus Discursos sobre las tragedias se publicó una traducción al francés con el título de Dissertation sur les tragedies espagnoles trad, de l’espagnol par M. D. Hermilly (avec L’Exposition de Virginie, tragedie; et la traduction de pleüssieurs endroits de cette Piece). Paris, chez I. F. QuiIlau, en 1754. BNE 3/71077, T/3070 y BDH.

José Juan Berbel (2003: 314, n.7) indicaba que, a pesar de la buena acogida general de su Discurso sobre las tragedias españolas, Juan de Chindurza publicó una carta con el pseudónimo de Jaime Doms a Montiano fechada en 1753 (BNE sign. U/1732). El texto fue contestado también bajo pseudónimo, como Domingo Luis de Guevara, con el título de Examen de la Carta, que se supone impressa en Barcelona, y escrita por Don Jayme Doms, contra el Discurso sobre las tragedias españolas, y la Virginia de el señor Don Agustín de Montiano y Luyando, le ofrece al juicio de los inteligentes y desapasionados, Madrid: en la imprenta de Música ([1753] el ejemplar de la BNE lleva el sello de la Biblioteca de Pascual Gayangos signat. 2/57029 (1)). La censura está escrita por fr. Alonso Cano, que se queja de la proliferación de «tanto libelo infamatorio». El recurso literario con el que se introduce la crítica es una carta, fechada desde Toledo el 20 de julio de 1753, en la que se narra el encuentro de dos amigos, que «dixeron los reparos que encontraban en la obra» de Montiano a «un barcelonés [que] escribía al autor de la Virginea una carta congratulatoria, con ocasión de su obra». La objeción del crítico en la primera carta era que el autor de la Virginia no había tenido en cuenta que las Palilia romanas, por ser festivo, no era fecha adecuada para tribunales, y se argumenta con datos sobre el calendario y los Fasti de Ovidio. En una segunda carta, fechada el 7 de agosto del mismo año, que continúa este debate anticuario, se discute la situación del templo de Vesta en la antigua Roma. Pero la crítica principal se dirigía contra la elección de Virginia, hija de un plebeyo, como heroína y protagonista de una tragedia, según se indica en una tercera carta, fechada el 10 de agosto de 1753. En ella se comenta la longitud en pasos de la legua castellana, con el cálculo de las distancias geográficas de la corteza terrestre, para probar lo ajustado de las indicaciones mencionadas por Montiano en su Virginia. Añadía que «el crítico no puede sufrir el elogio que dieron los PP. De Trevoux al señor Luzán». El supuesto autor «Domingo de Guevara, abogado de los Reales Consejos», argumentaba la idoneidad de la composición de tragedias para el ocio de los políticos con el ejemplo de Augusto, de Richelieu y de las tragedias de tema romano que imitaban el Cato de Joseph Addison, escrito en 1712. Al cabo de los años, en 1789, esta respuesta fue reimpresa en Madrid por la imprenta de J. de Herrera con el título de Examen el más crítico y gracioso que hasta ahora han hecho los mejores escritores de la carta que suponen impresa en Barcelona, y escrita por don Jayme Doms, contra el discurso sobre las tragedias españolas y la Virginia del señor don Agustín de Montiano y Luyando; le ofrece al juicio de los inteligentes y desapasionados  en las mismas sesenta y seis páginas en 8º (el ejemplar de la BNE lleva el sello de la Biblioteca de Pascual Gayangos signat. VC 142/2).

Respecto a estas opiniones, a nombre de Faustino de Quevedo todavía se publicó el año siguiente, para mayor difusión, Crisis de un folleto, cuyo título es: Examen de la carta que se supone impressa en Barcelona i escrita por don Jaime Doms contra el Discurso sobre las tragedias españolas i la Virginia d’el señor D. Agustín Montiano i Luyando, impreso en Salamanca, por A. J. Villagordo i Alcaraz.

Tras los pasos del primer Discurso sobre las tragedias españolas fue un segundo discurso sobre el mismo tema (BNE sign 8/3947), acompañado por una segunda tragedia, Athaulpho, en la que intentaba demostrar convincentemente la eficaz puesta en práctica de su teoría del género dramático. Además de la amistad con Luzán, manifestó interés por la actividad literaria de José Francisco de Isla, al que no dudó en apoyar firmando una carta Apologética, a la vista del revuelo levantado por la publicación del Fray Gerundio en 1758 (Madrid, imprenta de D. Gabriel Ramírez).

 

 

Bibliografía citada

Berbel Rodríguez, José J., Orígenes de la tragedia neoclásica española: la Academia del Buen Gusto, Sevilla, Universidad, 2003 (esp. pp. 309-476).

Boussagnol, Gabriel, «Montiano et son Athaulfo», Bulletin Hispanique 24, 1962, pp. 336-346.

Fernández Cabezón, Rosalía, «Una égloga inédita de Agustín Montiano y Luyando», Anales de Literatura Española, 6, 1988, pp. 217-257. En línea en la BVCervantes [26-julio-2019].

Fernández Cabezón, Rosalía, La obra literaria del vallisoletano Agustín Montiano y Luyando (1697-1764), Valladolid, Diputación, 1989.

Fernández Cabezón, Rosalía, «Montiano y Luyando, Agustín Gabriel», en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2009, pp. 817-820.

Marqués de Laurencín (ed.), D. Agustín de Montiano y Luyando: noticias y documentos, Madrid, Real Academia de la Historia, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1926.

Menéndez Pelayo, Marcelino, Historia de las ideas estéticas en España, Santander, Aldus, 1940, vol. III (s. XVIII).

Trigueros, Cándido María, Elogio histórico de D. Agustín de Montiano y Luyando y juicio crítico de sus obras, Sevilla, Academia Sevillana de Buenas Letras, vol. II, 1843, pp. 69-91.

 

Otra bibliografía

Aguilar Piñal, Francisco, La Real Academia Sevillana de Buenas Letras en el siglo XVIII, Madrid, CSIC, 1966.

Alonso Cortés, Narciso, Viejo y Nuevo (artículos varios), Valladolid, Ed. y Librería General de la Viuda de Montero Ferrari, 1915.

Alonso Cortés, Narciso, «Don Agustín Montiano», en Miscelánea Vallisoletana, Valladolid, Miñón, vol. I, 1955, pp. 13-18.

Alonso Cortés, Narciso, Selección de poetas vallisoletanos, Valladolid, Meseta, 1949.

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Enlaces

La Fundación Ignacio Larramendi, a propósito del Archivo Familiar Montiano, recogía algunas notas biográficas. Este archivo familiar, recogido en la Biblioteca Digital de la Fundación –que está en estudio para Europeana- recoge 281 documentos y 4.415 imágenes fechadas entre el XVI y el XX.

http://www.larramendi.es/fundacion/ignacio-larramendi/archivo-familiar-montiano/

En el portal se encuentra el enlace al libro (digitalizado por Google) Don Agustín de Montiano y Luyando, primer director de la Real Academia de la Historia: noticias y documentos, encargado por Francisco Rafael de Uhagón y Guadarmino (marqués de Laurencín), Madrid, Real Academia de la Historia, 1926, 369 pp. BDH y en la BNE: 1/72980; 2/74123; 2/7561; Alcalá AHM/656477; AHM/668447; AHM/752827 y DGMicro/58241.

 

 


 

Responsable: Sánchez Manzano, María Asunción.
La Dra. María Asunción Sánchez Manzano es Catedrática de Filología Latina en la Universidad de León y miembro de LETRA, grupo de investigación de la Universidad de León, reconocido por la Junta de Castilla y León.

Revisión: Grupo de investigación LETRA.

Cómo citar y DOI del artículo:
Sánchez Manzano, María Asunción, «Agustín Montiano y Luyando», Diccionario de autores literarios de Castilla y León (base de datos en línea), dir. y ed. María Luzdivina Cuesta Torre, coord. Grupo de investigación LETRA, León, Universidad de León, julio 2019. En línea en <http://letra.unileon.es/>. DOI: https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i4

Editado en León por © Grupo de investigación LETRA, Universidad de León. ISSN 2695-3846.

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