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DOI: https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i17

ALFONSO DE PALENCIA

Nombre u obra homónima: Alfonso de Palencia

Lugar de nacimiento: Palencia

Otros nombres: Alfonso Fernández de Palencia

Geografia vital: Palencia, Roma, Sevilla

Año de nacimiento: 1423

Año de fallecimiento: 1492

Lengua de escritura: español - latín -

Género literario: a:5:{i:0;s:10:"Didáctica";i:1;s:8:"Historia";i:2;s:20:"Literatura epistolar";i:3;s:20:"Literatura religiosa";i:4;s:15:"Narrativa breve";}

Movimiento literario: a:1:{i:0;s:16:"Prerrenacimiento";}

Relaciones literarias y personales: Reyes Católicos, Alfonso de Cartagena, Juan de Padua, Alvaro de Isorna, Basilio Bessarion, Alfonso de Velasco, Alfonso de Fonseca el Viejo, García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo, Enrique IV de Castilla, Gutierre de Cárdenas, Pedro de Luna II, Jorge de Trebisonda, Enrique de Guzmán.

Temática: a:8:{i:0;s:15:"Crítica social";i:1;s:17:"De circunstancias";i:2;s:10:"Devocional";i:3;s:10:"Gramatical";i:4;s:15:"Grupos sociales";i:5;s:6:"Guerra";i:6;s:14:"Moral y ética";i:7;s:9:"Política";}

Investigadores responsables: Martín Romero, José Julio -

por José Julio Martín Romero

 

Biografía

La intensa vida de Alfonso de Palencia recorre diversos reinados, desde el de Juan II hasta el de los Reyes Católicos. No solo fue testigo de primera mano de los convulsos acontecimientos de esta época, sino que también participó activamente en la vida política de esos años. Además de todo ello, tuvo tiempo para desarrollar una abultada producción literaria en diversos géneros: historiografía (no en vano fue cronista real), epístolas, alegorías morales, traducciones, obras lexicográficas y tratados de distintos tipos. Todo ello lo convierte en uno de los humanistas españoles más relevantes del cuatrocientos.

Él mismo afirmó —en un manuscrito conservado en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecillas de la Universidad Complutense de Madrid (ms. 128)— que nació el 21 de julio de 1423 (Antelo Iglesias: 24, Durán Barceló, en línea); no obstante, también se ha defendido que fue el año siguiente (Tate y Lawrance, 1998: 35).

Prólogo de la versión impresa de De la Perfeçión del triunfo militar. BDH (BNE)

Prólogo de la versión impresa de De la Perfeçión del triunfo militar. BDH (BNE)

Su lugar de nacimiento ha sido igualmente objeto de discusión; actualmente pocas dudas puede haber de que se trata de Palencia. No obstante, hasta el siglo XIX se consideró que era sevillano, pues en esta ciudad pasó buena parte de su vida. También durante bastante tiempo se ha defendido que fue era oriundo de Osma (Soria), tal como aparecía en el documento que el agustino fray Tomás Rodríguez encontró en el siglo XIX en la catedral de esa ciudad soriana (Antelo Iglesias: 24). En cualquier caso, el mismo autor en sus epístolas señaló Palencia como su ciudad (Tate y Lawrance, 1998: 35), dato que el poeta italiano Paolo Marsi indicó en el elogio que le dedicó en 1469 (Durán Barceló, en línea). Sus padres fueron continos de la casa de Velasco y probablemente su apellido de familia era Zamudio, nombre de uno de sus sobrinos (Durán Barceló, en línea).

Se ha confundido con otro personaje homónimo, cuyo padre se llamaba Luis González de Palencia y que había trabajado como secretario del conde de Alba de Tormes (Antelo Iglesias, 24); pero Durán Barceló (en línea) ha negado este punto al comprobar que sus estancias italianas no concordaban con los datos de ese otro personaje. También Durán Barceló (en línea) se ha encargado de puntualizar que la forma “Alfonso Fernández de Palencia” no aparece en la documentación coetánea y que se debe a investigadores del siglo XIX como Gallardo, Fabié y otros estudiosos que han perpetuado este error.

Se sabe que en 1441 trabajaba como familiar de Alfonso de Cartagena, obispo de Burgos, pues lo acompañó en la misión de paz que éste, junto con el Nuncio Juan de Padua y Alvaro de Isorna, obispo de Cuenca, desarrolló durante el cerco por parte de los infantes de Aragón a Maqueda, donde estaba don Álvaro de Luna.

En 1450 trabajaba como racionero de la Catedral de Burgos; ello le llevó a Italia, donde pasó doce años en los que se empapó de humanismo. En Roma estuvo al servicio del cardenal Bessarion, lo que probablemente le permitió conocer a diversos humanistas italianos que frecuentaban su círculo (Antelo Iglesias: 24). Asimismo, fue discípulo del griego Jorge de Trebisonda, que le enseñó retórica y filosofía.

En 1453 estaba de regreso en España, donde trabajaba en Sevilla al servicio como contino de Alfonso de Velasco, veinticuatro y juez mayor de suplicaciones de esa ciudad. Seguramente la cercanía de Velasco al monarca tuvo que ver con el hecho de que fuera elegido para formar parte del sequito de Alfonso de Fonseca el Viejo, arzobispo de Sevilla y capellán mayor del rey. La cercanía al soberano que implicaba pertenecer a este séquito le permitió conseguir, tras la muerte de Juan de Mena, sucederlo en el puesto de secretario de cartas latinas y cronista real el 6 de diciembre de 1456. A partir de ese momento vivió en Sevilla (Antelo Iglesias: 25), aunque se sabe que volvió a Roma, en diversas ocasiones: en 1458 para tratar asuntos relacionados con las bulas de cruzada con el papa Calixto III, y en 1464 para que defendiera los derechos de su señor Fonseca el Viejo frente a las decisiones del rey. Ya antes también se había visto envuelto en la trifulca entre este y su sobrino (Alfonso de Fonseca el joven), a causa de sus arzobispados (respectivamente Sevilla y Santiago de Compostela), que habían planeado intercambiarse. Se afirma que se logró la concordia entre ellos gracias a la labor de Palencia (Durán Barceló, en línea). Fonseca el Viejo encarga poco después a Palencia una embajada en Roma; pero fue más accidentada de lo esperado, ya que, cuando Palencia ya estaba allí, murió el pontífice Pío II, por lo que hubo de esperar al nombramiento del nuevo, Paulo II. A las peticiones del arzobispo sevillano se habían unido las críticas contra Enrique IV por parte de Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo. Aunque Palencia no logró sus objetivos (el pontífice se negó a aceptar la deposición de un rey, Durán Barceló, en línea), sí que consiguió que el papa aceptara la renuncia al maestrazgo de Santiago por parte de Beltrán de la Cueva (Antelo Iglesias: 25).

Se ha dicho que en 1465 era secretario del II conde de Alba. Tras la “Farsa de Ávila”, se situó en el bando nobiliario contrario al monarca. De hecho, fue el encargado de convencer a Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia, de que reconociese a Alfonso como legítimo rey de Castilla, así como a don Álvaro López de Zúñiga, conde de Plasencia, y a Juan Ponce de León, conde Arcos (Tate y Lawrance: 40). Sin embargo, se tiene constancia de que Enrique IV le concede una escribanía de cámara y notaría en un documento en el que se indica que Palencia era secretario del conde de Alba —que pertenecía al bando del monarca y había conseguido el señorío de El Carpio de mano de Enrique IV en recompensa (Tate y Lawrance, 1998: 40)—. Esto muestra ciertas dudas del cronista en este tema, aunque poco después Palencia se muestra claramente alineado con el bando nobiliario, que se apoyaba en Alfonso, a quien acompañó en la batalla de Olmedo (1467). También se encargó de conseguir que Toledo se adhiriera a la causa de Alfonso.

La muerte de este en 1468 dejó al bando nobiliario sin candidato a la corona; como es sabido, los nobles optaron entonces por presentar a Isabel como legítima reina. Palencia siguió también en esto al bando rebelde. Quizá esta opción política explique las dificultades económicas que pasó en esos años, que se documentan (Durán Barceló, en línea) en dos peticiones (una del cronista y otra de su protector el duque de Medina Sidonia) en las Actas Capitulares de Jerez de la Frontera para que se le proveyera de pan; esas actas señalan que tenía una canonjía en la Iglesia del Divino Salvador de Sevilla y que era beneficiado de otras dos iglesias (San Miguel y Santiago, de Jerez de la Frontera) (Durán Barceló, en línea).

En el bando rebelde, Palencia fue también la persona elegida para viajar a otra ciudad, Sevilla, para conseguir que sus nobles favorecieran esta causa. También jugó un papel importante en las negociaciones para el matrimonio entre Isabel y el príncipe Fernando de Aragón. En Tarragona se entrevistó con Juan II de Aragón para tratar el tema y escoltó al príncipe, en compañía de Gutierre de Cárdenas, maestresala de Isabel, en su viaje a Castilla para la celebración del matrimonio. Para evitar complicaciones, el príncipe viajó disfrazado de muletero. Así llegaron a Valladolid, donde se celebró la boda ante el arzobispo Carrillo en 1469. Se conserva la carta autógrafa de Alfonso de Palencia en la que Isabel y Fernando anuncian su matrimonio a Rodrigo Ponce de León, duque de Cádiz (Durán Barceló, en línea). Así se convirtió en una de las personas de confianza de los futuros monarcas y se convirtió en su consejero. El cronista siguió desempeñando un puesto importante cerca de Fernando, que desde el principio despertaba su admiración en mayor grado que Isabel. Más adelante, este hecho terminó por jugar en su contra y llegar a perder el favor de los soberanos.

En 1471 viajó a Sevilla para solventar el enfrentamiento entre Rodrigo Ponce de León y Enrique de Guzmán. Asimismo, fue el encargado de conseguir que diversos nobles de Andalucía apoyaran a Fernando y a Isabel durante la guerra de sucesión.  Después de la derrota del bando portugués en la batalla de Toro (1471), Palencia seguía en el séquito de Fernando como consejero, pero fue relevado de ese cargo en mayo de 1477 por parte de Isabel, lo que se ha entendido como una advertencia que el cronista no fue capaz de entender (Tate y Lawrance, 1998: 44). Participó en los preparativos de la guerra de Granada, pero su carrera política terminó cuando se enfrentó abiertamente a Isabel en las cortes de Toledo de 1480. Ello lo llevó a vivir retirado en Sevilla en la colación de San Lorente, donde se sabe que actuó como testigo de su ahijado Diego de Medina (Tate y Lawrance, 1998: 45). Quizá asumiendo definitivamente la obediencia debida a la reina, fue de nuevo tomado en cuenta por esta, que le encargó tanto el Universal vocabulario como Bellum aduersus Granatenses. Murió en Sevilla a finales de marzo de 1492. Aunque había conseguido del cabildo catedralicio un lugar para su sepultura en la catedral de Sevilla, actualmente el arco está sellado por la capilla de San Pedro (Durán Barceló, en línea).

 

Producción literaria

Alfonso de Palencia compuso fundamentalmente en latín, salvo algunas traducciones de sus propias obras (dos tratados alegóricos, de uno de los cuales se ha perdido la versión original latina) y de otros autores (Plinio, Josefo y Domenico Cavalca). No deja de sorprender la ingente producción de Palencia, cuya labor política y burocrática fue tan intensa. Tate y Lawrance (1998, 48) indican que probablemente compusiera su obra fundamentalmente en dos períodos de relativo descanso, los comprendidos entre 1454 y 1460, por un lado, y entre 1480 y 1492, por otro.

Palencia es autor de diversas obras historiográficas latinas, entre las que sobresale su imponente Gesta hispaniensia ex annalibus suorum dierum colligentis, también conocida como Décadas, lo que revela su orientación humanística al intentar entroncar con la labor cronística del autor latino Tito Livio. Aunque cada una de las cuatro partes en que la obra está dividida se denomina décadas, lo cierto es que no corresponden a períodos de diez años: la primera narra desde 1440 (durante el reinado de Juan II) hasta el 5 de julio de 1468 (fecha de la muerte del príncipe Alfonso); la segunda, desde esa fecha hasta el 12 de diciembre de 1474 (fallecimiento de Enrique IV); la tercera, desde 1474 hasta 1477; y, por último, la cuarta (que ha llegado hasta nosotros incompleta), desde 1477 hasta inicios de 1481.

Alemany Ferrer (83) ha señalado que la impronta de Tito Livio no es tanta como pudiera pensarse y que, además, sigue en parte ciertas convenciones medievales, si bien superando los límites de la cronística anterior e insuflándole nuevos aires gracias a sus modelos clásicos. Por su parte, Tate y Lawrance (1998, 55-69) han marcado todavía más las diferencias de Palencia frente a la tradición medieval.

Su producción historiográfica también cuenta con una obra sobre la Guerra de Granada compuesta a petición de la reina Isabel, Bellum aduersos Granatensis, que narra los acontecimientos sucedidos entre 1480 y 1482 (probablemente la muerte le impidió terminar esta crónica, aunque no se puede descartar que se haya perdido algún testimonio más completo). También en el apartado historiográfico se ha de señalar De la antigüedad de España e de las fazañas de la gente española, en latín, de la que solo ha llegado hasta nosotros la “segunda década” (editada por Durán Barceló, 2016).

Como se ha comentado, también publicó diversas traducciones, casi todas ellas de autores grecolatinos, como las Vidas de Plutarco o los Siete libros de la guerra judaica, de Josefo, con los Dos libros contra Appion grammatico Alexandrino (Sevilla, 1492), pero también tradujo del toscado Lo specchio della croce de fray Domenico Cavalca, con el título de Espejo de la Cruz (Sevilla, 1486 y 1492).

No se puede olvidar su monumental obra gramatical, especialmente su Universal vocabulario en latín y en romançe (Sevilla, 1490) a instancias de la reina Isabel (como Bellus aduersus Granantenses). Este tratado lexicográfico, anterior a la obra de Nebrija, bebe de fuentes medievales como Papías, pero las supera en ambición al introducir también materiales de Nonio Marcelo, Aulo Gelio o Claudianus Osbern (Durán Barceló, en línea). Su interés lingüístico se evidencia asimismo en su Opus sinonymorum o De sinonymis elegantibus libri tres (Sevilla, 1491) y en su Compendiolum de oblitteratis mutatisque nominibus prouinciarum fluminunque Hispaniae

Prólogo del manuscrito de BNE de Opus sinonymorum o De sinonymis elegantibus libri tres. BDH (BNE)

Prólogo del manuscrito de BNE de Opus sinonymorum o De sinonymis elegantibus libri tres. BDH (BNE)

Fue autor, además de diversas narraciones alegóricas latinas, dos de las cuales tradujo posteriormente al castellano: la Batalla campal de los perros contra los lobos (1457) —cuya versión latina, de hacia 1456, se ha perdido— y De perfectione militaris triumphi, de 1458 (que él mismo tradujo como La perfeçión del Triunfo, 1459). La primera de ellas narra la propuesta de enfrentamiento a ultranza por parte de los lobos contra los perros guardianes de ganada, con el objetivo de que uno de los dos bandos saliera definitivamente vencedor y, así, pudiera vivir con tranquilidad. El relato, cuyo estilo fue elogiado por Pidal, concluye con pérdidas por ambas partes y la continuidad de la situación. Se ha interpretado como alegoría de la situación política bajo Enrique IV, como un reflejo de la Batalla de Olmedo o como una manera de hablar de diversos estados (Pardo, 1973). No obstante, ninguna de esas explicaciones parece cuadrar perfectamente con la narración de Palencia. Probablemente se trate de una especie de alegoría moral cuyas claves históricas son menores de lo que se ha supuesto (Martín Romero, 2013). En relación a la Perfeçión del triunfo se propone una nueva forma de milicia, apoyada en el orden y la disciplina más que en las hazañas individuales y descoordinadas (Durán Barcelo, 1996). También es autor de una elegía alegórica dedicada a Alfonso de Madrigal “el Tostado”: In funebrem Abulensis famosissimi praesulis. Asimismo, compuso otras epístolas en latín, editadas por Tate y Alemany, 1982 (incluyen la citada elegía por “el Tostado). 

Fragmentos del Universal vocabulario en latín y en romançe. BDH (BNE)

Fragmentos del Universal vocabulario en latín y en romançe. BDH (BNE)

Se tiene constancia de obras perdidas que él mismo cita en su Mençión del trabajo passado et del propósito para adelante, que incluyó al final de su Universal vocabulario hacia 1487. Entre ellas se cuenta la versión latina de la Batalla campal de los perros contra los lobos (Bellum luporum cum canibus), una vida de San IIldefonso (Vita beatissimi Alfonsi achipraesulis Toletani), una obra sobre la religión y supersticiones de los canarios (Canariorum in Insulis Fortunatis habitantium mores atque superstitiones profecto mirabiles), un tratado sobre capitanes (De vera sufficientia ducum atque legatorum), obras sobre las antigüedades de Roma (Pictura Urbis Romae y Romanae et partes eius digniores), un tratado sobre la adulación en los saludos (De adulatoriis salutationibus laudationunque epithetis opinione non ratione usatis) y otro sobre la caída de don Álvaro de Luna (Documentum vanitatis mundanae máximum documentum), aunque sí se conserva una carta que pudo servirle de prólogo y que está dirigida a Petrus Lunensis, quizá Pedro de Luna II, señor de Fuentidueña (Tate y Lawrance, 1998: 49).

Por último, Allés Torrent retoma la posibilidad planteada por Campana de que Alfonso de Palencia fuese el autor “Al. Hispanus”, de una de las obras recogidas en Epaeneticorum ad Pium II Pont. Max. Se trata de un poema en hexámetros que ataca a Sigismundo Pandolfo Malatesta. No obstante, ninguno de los dos investigadores citados lo afirma categóricamente y ambos lo apuntan como mera hipótesis.

 

Tradición textual

Muchas de las obras de Alfonso de Palencia fueron impresas en Sevilla en la década de los 90 del siglo XV, aunque ya finales de la década anterior se había publicado su traducción de la obra de Domenico Cavalca con el título de Espejo de la Cruz, (Sevilla, Antón Martínez, 1486). En esa época cercana ya a su muerte, vivía tranquilamente en la capital hispalense y podía dedicarse con más serenidad a revisar su producción para darla a la imprenta; así, en 1490 su Universal vocabulario en latín y en romançe fue impresa en Sevilla por Pablo de Colonia, Juan Pegnitzer, Magno, Herbst y Tomás Glockner; al año siguiente saldría a la luz en letras de molde su Opus sinonymorum o De sinonymis elegantibus libri tres (Sevilla, Ungut y Polono, 1491) y su traducción de las Vidas de Plutarco (Sevilla, Paulo de Colonia y Juan de Nuremberg, 1491). En 1492 se imprimió su traducción de Josefo, los Siete libros de la guerra judaica, junto con los Dos libros contra Appion grammatico Alexandrino (Sevilla, Ungut y Polono, 1492) y una segunda edición de su versión castellana de la obra Cavalca (Sevilla, Ungut y Polono, 1492). Su versión castellana de la guerra judaica de Josefo se reimprimió en dos ocasiones más en el siglo XVI (Sevilla, Juan Cromberger, 1532 y 1536) (Allés Torrent). También se conserva una edición de su Epistola ad Ioannem episcopum Astoricensem de bello Granatensi, (Sevilla, Ungut y Polono, 1492). Carecemos de los datos de impresor del único ejemplar incunable de su Batalla campal de los perros contra los lobos (Biblioteca Real de Palacio, Madrid, signatura I-172), pero se ha considerado que se imprimió en Sevilla hacia 1490.

Por su parte, esas mismas fechas se barajan para la impresión de su versión castellana de Perfeçión del triunfo militar (Sevilla, cuatro compañeros alemanes, h. 1490).

En cuanto a la transmisión manuscrita, su Gesta hispaniensia ex annalibus suorum dierum colligentis se conserva en códices de diversas fechas (Tate y Lawrance, 1999, 509-533), desde el manuscrito autógrafo de la Biblioteca Nacional de España (ms. 19.439), pasando por varios del siglo XV (Real Academia de la Historia, Madrid: ms. 9/453; Centro don Bosco, León, sin signatura; Bibliothèque Nationale, París: nouv.acq. lat. 2058); manuscritos del siglo XVI (Biblioteca Nacional de España, Madrid: ms. 1710; ms. 1781; ms. 6544; ms. 7430; Real Academia de la Historia, Madrid: 9/2185; British Library, Londres, Add. 8683; Biblioteca Universitaria de Salamanca, Salamanca: ms. 2559; Biblioteca Arzobispal, Sevilla: ms. 33-156 —se trata de un códice facticio, cuya segunda parte es copia del siglo XVII—; manuscritos del siglo XVII (Biblioteca Nacional de España, Madrid: ms. 1636; ms. 1772; Real Academia de la Historia, Madrid: 9/5335; hay que añadir la citada segunda parte del ms. 33-156, códice facticio de la Biblioteca Arzobispal de Sevilla); también se conserva el manuscrito del setecientos custodiado en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, ms. 1741.

Por su parte, los Nueve libros sobre la Guerra de Granada se conservan en la Biblioteca Nacional de España, Madrid: ms. 1627 (manuscrito del siglo XVI) y en la Biblioteca Arzobispal, Sevilla: ms. 33-156. Por último, el Compendiolum de oblitteratis mutatisque nominibus prouinciarum fluminunque Hispaniae en un manuscrito custodiado en la Abadía de Montserrat (el ms. 882). La oratio in funebrem Abulensis famosissimi praesulis se conserva en la biblioteca histórica Marqués de Valdecillas de la Universidad Complutense de Madrid (ms. 133). En esa misma biblioteca se conserva la versión manuscrita autógrafa de Opus sinonymorum (ms. 128). También contamos con dos manuscritos que conservan parcialmente el Universal vocabulario, uno de ellos, el de la biblioteca de la Colegiata de San Isidoro de León (ms. 52), que abarca desde la A hasta la N, y otro, del Monasterio de San Lorenzo del Escorial (ms. f. II 11, con las letras O-Z (Allés Torrent). Asimismo, se conserva el original de imprenta del impreso de 1490 (Gómez Moreno 2010; Allés Torrent).

El tratado De perfectione militaris triumphi se conserva en la Biblioteca Nacional de España (ms. 10-076) y en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial (S.III.14). En cuanto a sus epístolas latinas, la mayor parte de ellas se conservan en un manuscrito del siglo XV, el códice 57 de la Biblioteca capitular de la catedral de Burgo de Osma. Mundó (1964) editó otra (la epístola IX) dirigida a Vespasiano da Bisticci conservada en el manuscrito 882 de la abadía de Montserrat.

 

Recepción socio-literaria

Alfonso de Palencia supo medrar en el complicado contexto político del cuatrocientos. Sus inicios al servicio del obispo de Burgos Alonso de Cartagena bien pudieron influir en sus inquietudes eruditas. Más importancia tuvo su estancia en Italia al servicio del cardenal griego Bessarion en Roma. Allí pudo conocer a diversos humanistas de la talla de Lorenzo Valla, Poggio Bracciolini y Leonardo Bruni. Además, poco después tuvo la oportunidad de estudiar con Jorge de Trebisonda. Sus vínculos con estos eruditos italianos continuarán a lo largo de su vida y marcaron de forma evidente su labor intelectual.

Esta formación humanística marcó también su futuro político, pues se convertía en candidato ideal para el puesto de secretario de cartas latinas y cronista oficial, oficio en el que sucedió a Juan de Mena. La cercanía al monarca vino gracias a su señor, Alfonso de Velasco, en cuya casa trabajaba como contino tras su regreso a Roma, y a Alfonso de Fonseca, el viejo, de cuyo sequito formaba parte poco después.

Su cercanía al monarca no le impidió reconocer sus defectos —que de forma tan explícita comentaría posteriormente en sus crónicas— ni formar parte activa del bando rebelde. Ello lo llevó al entorno del candidato a la corona por parte de la nobleza, el príncipe Alfonso, y una vez muerto este, al de la princesa Isabel; ello, a su vez, le permitió jugar un papel importante en las negociaciones de matrimonio entre esta y el entonces príncipe Fernando de Aragón, de los que se convertiría en consejero. Aunque su relación con la reina fue desigual, como el mismo cronista lamenta, en sus últimos años (prácticamente retirado de la vida política) será ella quien le encargue varias obras, como el Universal vocabulario o Bellum aduersus Grananteses; asimismo, Palencia le dedicó a la reina Isabel su traducción de la Guerra de los judíos con los romanos de Flavio Josefo.

Su relación con el duque de Medina Sidonia, quien firmó una de las peticiones para que se le proveyera de pan de las Actas Capitulares de Jerez de la Frontera, fue buena en todo momento. La habilidad política de Alfonso de Palencia se evidencia en el elenco de dedicatarios de sus obras, que permite observar cómo los escogía atendiendo a una planeada estrategia de medro o supervivencia.

Su fama como historiador fue reconocida ya en el siglo XV; su obra fue utilizada como fuente en la anónima Crónica de Enrique IV, un tiempo erróneamente atribuida a Palencia, texto que parte de la Gesta hispaniensia pero añade ciertos errores de datación (parece desconocer el sistema romano) que revelan que no pueden ser del mismo autor. Por su parte, Diego de Valera utilizó en su Memorial de diversas hazañas esta obra castellana (que, a su vez, deriva de la obra latina de Palencia).

El prestigio de Alfonso de Palencia como cronista fue enorme en el siglo XVI, fue admirado por Lorenzo Galíndez de Carvajal, Jerónimo Zurita, Gonzalo Argote de Molina y Esteban de Garibay; no son pocas las bibliotecas nobiliarias que contaban con sus textos; personajes como el arzobispo de Toledo don García Loaysa Girón y el obispo de Zamora don Rodrigo de Castro pagaron traslados de su obra (Durán Barceló, en línea).

 

Recepción crítica

La producción historiográfica es la que más interés ha despertado. La Gesta hispaniensia ha sido objeto de gran interés, aunque las dificultades ecdóticas han retrasado la edición crítica. Contamos la traducción de Paz y Meliá (1904-1909); asimismo, la Cuarta década fue traducida por López de Toro (1979). La primera década fue objeto de una edición ejemplar por parte de Tate y Lawrance (1998-1999).

En relación al resto de sus obras, las epístolas fueron cuidadosamente editadas y traducidas por Tate y Alemany (1982). La perfección del triunfo —tanto en su versión latina como la traducción castellana del propio Palencia— fue objeto de la tesis doctoral de Javier Durán Barceló, que fue editada por la Universidad de Salamanca (1996); esta edición superaba la decimonónica de Fabié (1876). El investigador del siglo XIX incluía también la primera edición moderna de la Batalla campal de los perros contra los lobos, una de las obras sobre las que más se ha escrito, debido en parte a su enigmático significado. Se han buscado en ella diversas interpretaciones en clave, buscando un referente histórico concreto (como la batalla de Olmedo, Tate, 1977). La obra, además de la citada edición de Fabié (1876), también ha sido editada y estudiada por Martín Romero (2013).

Los estudios sobre Alfonso de Palencia se han enfocado especialmente en su faceta como historiador y humanista. Sus vínculos con los círculos italianos lo convierten en una de las puertas del humanismo en España que ha estudiado Gómez Moreno (1994). Asimismo, su labor como traductor ha sido estudiada por Alvar (2010).

No son pocos los estudios que se han dedicado desde un punto de vista histórico a recopilar datos que permitieran conocer mejor su biografía, ello ha permitido definir con mayor precisión tanto su lugar como su fecha de nacimiento. Asimismo, los estudiosos han intentado interpretar su obra a partir del contexto político y social en que se escribió. En definitiva, los investigadores se han acercado a la obra de Alfonso de Palencia, gracias a su amplitud y heterogeneidad, desde disciplinas distintas.

 

Bibliografía citada

Alemany Ferrer, “La aportación de Alfonso de Palencia a la historiografía peninsular del siglo XV”, Anales de la Universidad de Alicante: Historia medieval, 2 (1983), pp. 187-206.

Allés Torrent, Susana, “Alfonso de Palencia y el humanismo italiano”, Cuadernos de Filología Italiana, 19 (2012), pp. 107-130.

Alvar, Carlos, Traducciones y traductores. Materiales para una historia de la traducción en Castilla durante la Edad Media, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 2010.

Antelo Iglesias, Antonio, “Alfonso de Palencia: historiografía y humanismo en la Castilla del siglo XV”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Historia Medieval, I/3 (1990), pp. 21-40.

Campana, Augusto, “Poema antimalatestiano di un umanista spagnolo per Pio II”, en Atti e Memorie. Atti del convegno storico piccoliminiano, Ancona, Deputazione di storia patria per le Marche, 1964-1965, pp. 189-218.

Durán Barceló, Javier, “prólogo” a su edición de Alfonso de Palencia, De perfectione militaris triumphi. La perfeçión del triunfo, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1996.

Durán Barceló, Javier, “Alfonso de Palencia”, en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en línea) [fecha de consulta: 12/12/2019]

Gómez Moreno, Ángel, España y la Italia de los Humanistas. Primeros ecos, Madrid, Cátedra, 1994.

Gómez Moreno, Ángel, “El hispanismo medievalista del siglo XXI”, en J. Ortega (ed.), Nuevos hispanismos interdisciplinarios y trasatlánticos, Madrid/ Frankfurt am Main/México, Iberoamericana/Vervuert/Bonilla Artigas, 2010, pp. 19-42.

López de Toro, José, Cuarta Década de Alfonso de Palencia, Archivo Documental Español, tomo XXIV, Madrid, 1970, 2 vols.

Martín Romero, José Julio, La Batalla campal de los perros contra los lobos. Una fábula moral de Alfonso de Palencia, San Millán de la Cogolla, CILENGUA, 2013.

Mundó, Anscari, “Una lletra d’Alfons de Palència a Vespasià da Bisticci», en R. De Maio (ed.), Studi di bibliografia e di storia in onore di Tammaro de Marinis, Verona, Valdonega, vol. III, 1964, pp. 271-281.

Pardo, Madeleine, “La Batalla campal de los perros contra los lobos d’Alfons de Palencia”, en Mélanges de langue et de littérature médiévales offerts à Pierre Le Gentil, Paris, Société d’édition d’enseignement supérieur et Centre de documentation universitaire, 1973, pp. 587-603.

Paz y Meliá, A. (trad.), Crónica de Enrique IV, escrita en latín por Alonso de Palencia, Madrid, Tipografía de la “Revista de Archivos”, 1904-1909.

Tate, Robert Brian, “Political allegory in fifteenth-century Spain: A study of the Batalla campal de los perros contra los lobos by Alfonso de Palencia (1423-1492), Journal of Hispanic Philology, I (1977), pp. 169-186.

Tate, Robert Brian y Rafael Alemany, “Prólogo” a su edición de Alfonso de Palencia, Epístolas latinas,Bellaterra, Universidad Autónoma de Barcelona, 1982.

Tate, Brian, y Lawrance, Jeremy, “Introducción” a su edición y traducción de Alfonso de Palencia, Gesta hispaniensia ex annalibus suorum dierum collecta, Madrid, Real Academia de la Historia, vol. I, 1998.

Tate, Brian, y Lawrance, Jeremy, “Apéndice 1: Catálogo y facsímiles de los testimonios manuscritos de GH”,en su edición y traducción de Alfonso de Palencia, Gesta hispaniensia ex annalibus suorum dierum collecta, Madrid, Real Academia de la Historia, vol. II, 1999.

 

Otra bibliografía

Alemany Ferrer, Rafael, “En torno a los primeros años de formación y estancia en Italia del humanista castellano Alonso de Palencia”, Item. Revista de Ciencias Humanas, 3 (1978), pp. 61-72.

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Enlaces

  • Biblioteca digital hispánica (BNE), Alfonso de Palencia: Obras.
  • Biblioteca Digital de Castilla y León, Alfonso de Palencia.

 


 

Responsable: Martín Romero, José Julio.
El Doctor José Julio Martín Romero es profesor titular del área de Literatura española de la Universidad de Jaén.

Revisión: Grupo de investigación LETRA.

Cómo citar y DOI del artículo: 
Martín Romero, José Julio, «Alfonso de Palencia», Diccionario de autores literarios de Castilla y León (en línea), dir. y ed. María Luzdivina Cuesta Torre, coord. Grupo de investigación LETRA, León, Universidad de León, 2020. En línea en < http://letra.unileon.es/ >. DOI: https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i17

Editado en León por © Grupo de investigación LETRA, Universidad de León. ISSN 2695-3846.

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