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DOI: https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i35

POEMA DE FERNÁN GONZÁLEZ

Nombre u obra homónima: Poema de Fernán González

Lugar de nacimiento:

Otros nombres: Anónimo

Geografia vital: Burgos, Monasterio de San Pedro de Arlanza, Covarrubias, Ermita de Santa Marina en Villamartín de Sotoscueva

Año de nacimiento: 1200

Año de fallecimiento: 1300

Lengua de escritura: español -

Género literario: a:1:{i:0;s:17:"Poesía narrativa";}

Movimiento literario: a:1:{i:0;s:19:"Literatura medieval";}

Relaciones literarias y personales: Gonzalo de Berceo, Alfonso X, Pedro de Barcelos, Gonzalo de Arredondo, Gonzalo Argote de Molina

Temática: a:1:{i:0;s:10:"Histórica";}

Investigadores responsables: Bautista, Francisco -

Por Francisco Bautista

Biografía

El Poema de Fernán González es una obra poética en cuaderna vía, escrita entre 1250-1270, aproximadamente, que trata sobre el personaje histórico Fernán González, conde de Castilla desde c. 932 hasta su muerte en 970. Aunque no conocemos el nombre del autor, la estrecha vinculación del poema con el monasterio burgalés de San Pedro de Arlanza, donde reposaban los restos del Conde, apunta a que fue escrito por un monje de este cenobio o que tenía alguna vinculación con él. El Poema, conservado en un único manuscrito, ha llegado hasta nosotros incompleto por el final, y consta de 737 coplas o estrofas de cuaderna vía. Muy pocos contenidos del poema se relacionan con los datos históricos que podemos conocer sobre Fernán González, y la mayor parte del relato corresponde a una invención literaria basada en tradiciones orales, en fuentes historiográficas o en leyendas hagiográficas. Se trata de un texto singular y de cualidades literarias notables: es el único ejemplo de un poema de cuaderna vía hoy conocido que se dedica a un personaje secular de la historia castellana (un tema más habitual para un cantar de gesta) y posee un nivel de elaboración retórica caracterizado por un trabajo artístico minucioso y eficaz.

 

Fernán González entre la historiografía y la leyenda

La historiografía de la Castilla condal se ha esforzado desde los comienzos de la metodología positivista en separar y distinguir los datos históricos sobre Fernán González, que nace en torno al 910 y muere en el 970, de aquellos otros que proceden de la leyenda, o que son pura literatura (Martínez Díez 2005). La empresa no siempre es fácil, ya que a menudo los relatos legendarios son más amplios y circunstanciados que los magros datos que podemos extraer de las fuentes documentales o historiográficas. Fernán González figura como conde en Castilla en documentos de los años 931 y 932, y a partir de ese momento aparece como el individuo más importante en la Castilla condal, mencionado en diversas batallas contra los musulmanes, actuando generalmente al lado del rey de León Ramiro II. De entre estas batallas, quizá la más importante por sus consecuencias fue la llamada Batalla de Simancas ocurrida en el 939. Por estas fechas o poco antes debió de contraer matrimonio con Sancha, hermana de García Sánchez I de Pamplona. La primera parte de su trayectoria, hasta el año 944, está dominada por su sintonía con el rey de León y por las actuaciones coordinadas entre ambos; a partir de esa fecha, Fernán González comienza a actuar cada vez con mayor independencia, y se ve envuelto en diversos planes que implican la debilitación de la monarquía leonesa, que atraviesa desde el 950 al 970 un periodo de rápidas sucesiones regias y de recurrentes conflictos internos. Fernán González fue enterrado en el monasterio de San Pedro de Arlanza, en Burgos, monasterio que el Conde había contribuido a engrandecer, y que con el tiempo se convertiría en uno de los centros de difusión de su memoria.

¿Qué imagen del conde Fernán González se había difundido antes del Poema de Fernán González? Podemos señalar dos tradiciones básicas, circunscritas al ámbito, por un lado, de la historiografía, y por otro de la leyenda. La primera tradición nos es más fácilmente accesible, pues la segunda debemos deducirla de huellas dispersas en varios textos, a veces en una amplia cronología. Así pues, mientras que la interpretación de la memoria historiográfica del Conde resulta más nítida, lo que podemos saber sobre las tradiciones legendarias previas al Poema de Fernán González tiene inevitablemente un componente más hipotético.

Los textos historiográficos tempranos más importantes son en esencia dos: 1. por un lado, las diversas piezas analísticas compuestas o continuadas entre los siglos X y XIII (Bautista 2009); 2. en segundo lugar, la crónica de Sampiro, escrita en la primera mitad del siglo XI (Pérez de Urbel 1952), y que nos proporciona el relato narrativo más próximo a los hechos. El caso de los anales castellanos es interesante porque aunque se trata de una tradición historiográfica que se extiende durante tres siglos y en la que se enmarcan diversos textos que presentan relaciones complejas y a menudo difíciles de reconstruir o determinar, sin duda en estas piezas encontramos las noticias más antiguas sobre el Conde, algunas consignadas en vida de este. A pesar de su innegable valor como repositorio de datos históricos, puede decirse que la inscripción del Conde en la tradición analística no destaca ni por su amplitud ni por su desarrollo. Ciertamente, aparecen noticias sobre Fernán González, como su participación en la batalla de Simancas o la repoblación de Sepúlveda, pero en general se trata de noticias dispersas, que no permiten intuir el desarrollo que tendría más adelante la memoria de Fernán González.

En cuanto a la Crónica de Sampiro, nos proporciona una información más amplia y elaborada. Se trata de una crónica escrita en León, y que representa por así decirlo la visión oficial de la monarquía leonesa, y en este texto la imagen que se nos proporciona del Conde está teñida de acentos fuertemente negativos. El cronista leonés se prodiga en las intrigas de Fernán González, como si el Conde no hubiera dedicado a otra cosa su tiempo. Así, nada más referir la sucesión de Ramiro II por su hijo Ordoño III cuenta cómo el rey de Navarra y el conde castellano se dirigieron hacia León con Sancho, hermano del reciente rey leonés, para tratar de instaurar a éste en el reino, en un acto alevoso y criminal. Vencidos los conspiradores, Sampiro precisa que Fernán González, con mucho miedo, se puso nuevamente al servicio de Ordoño III. A continuación, presenta otra vez al Conde como instigador de una ulterior sedición, al propiciar la elevación al trono leonés de Ordoño IV, llamado el Malo, frente al rey legítimo Sancho I, justamente a quien trató de ayudar anteriormente contra Ordoño III. Además, el conde entrega su hija Urraca al nuevo rey, una mujer que había sido abandonada, se añade, tiempo atrás por su anterior marido, el rey Ordoño III. La importancia de la crónica de Sampiro para nuestro tema estriba en que puede considerarse el relato canónico, casi el único, sobre la vida de Fernán González, seguido después por Pelayo de Oviedo con alguna pequeña adición, y acogido en adelante a partir de ellos en el resto de crónicas generales leonesas y castellanas en los siglos XII y XIII (Crónica najerense, Lucas de Tuy y Rodrigo Jiménez de Rada). Se limita a referir casi exclusivamente las continuas revueltas e intrigas de Fernán González, cuya imagen queda marcada de forma ostensible por la deslealtad y la conspiración. En este sentido, podría decirse que la historia de la memoria de Fernán González en el ámbito leonés, y particularmente en el caso de Sampiro, representa la historia de una damnatio memoriae.

En conclusión, puede decirse que la memoria historiográfica de Fernán González estuvo dividida en dos tradiciones, una de origen castellano y otra leonés. La castellana, que se ramifica en diversos textos analísticos, no llega a construir una imagen reconocible del Conde, y se limita a ofrecer una serie de datos inconexos y poco desarrollados. La vertiente leonesa, que cristaliza en la crónica de Sampiro, se caracteriza por la imagen fuertemente negativa de Fernán González. Aunque ambas ramas influyeron en las historias de los siglos XII y XIII, es indudable que la crónica de Sampiro, que daba un sentido a las actuaciones del Conde, tuvo una mayor repercusión, y puede decirse que la imagen global en los textos históricos hasta la Estoria de España de Alfonso X (iniciada hacia 1270) fue en términos generales bastante negativa.

Si la memoria historiográfica, dominada por la construcción de Sampiro, tiene esa dimensión adversa, ¿qué podemos saber de las tradiciones orales o legendarias? Lo primero que puede decirse es que estas tradiciones parecen ser relativamente tardías, ya que los primeros indicios afloran solamente a finales del siglo XII. Estos aparecen en dos textos próximos tanto desde el punto de vista cronológico como geográfico. Por un lado, tenemos la Crónica najerense, escrita a fines del siglo XII, en torno a 1190 (Estévez Sola 1995). El relato del cronista najerense se basa fundamentalmente en última instancia en la crónica de Sampiro, y no puede detectarse un intento consistente de modificar la imagen transmitida por ese texto, aunque sí encontramos dos noticias importantes, ambas de contenido claramente legendario, que nos indican que el desarrollo de la leyenda del Conde castellano estaba ya en marcha, aunque no podemos saber con qué nivel de elaboración. Los datos del cronista najerense son muy escuetos, y se relacionan con dos núcleos legendarios diferentes, o si se quiere situados en dos momentos distintos de la biografía del Conde.

El primero tiene que ver con la prisión de Fernán González en la Rioja, en Cirueña, a donde había acudido para verse con el rey de Navarra. El Conde es hecho preso, y solo sale de la prisión gracias a la ayuda de la infanta Sancha, que para liberarle le exige que se case con ella. Este episodio en que una infanta libera al preso a cambio del matrimonio lo encontramos en otros relatos legendarios, como en el relativo a la juventud de Carlomagno en Toledo, y nos revela la inscripción de los hechos en el campo de las leyendas heroicas (Cirot 1929-1931). El episodio tiene que ver además con un momento esencial en la formación del héroe, como es el matrimonio, y también se relaciona con la biografía legendaria del Conde ligada a los conflictos con el reino de Navarra. El segundo elemento legendario que aparece en la Crónica najerense se refiere a la idea de que el conde liberó a Castilla de la dominación leonesa. Se trata de una noticia que aparece desconectada de la narración sobre Fernán González, y que figura al comienzo del tercer libro de la crónica, al mencionar al personaje dentro de una genealogía de los condes castellanos. Allí se nos dice: “Gonzalo Núñez engendró al conde Fernán González, quien se dice que sacó a los castellanos del yugo de la dominación de León” (Estévez Sola 2003: 157). Se trata de una referencia ambigua y difícil de interpretar. Por un lado, no hay duda del contenido asociado al Conde, que queda unido a la idea de la libertad de Castilla. Pero es mucho más dudosa la actitud del cronista. Si bien el ‘dicitur’ (el ‘se dice’) apunta a informaciones de origen oral o tradicional, parece haber igualmente una consideración de esta noticia no como historia, sino como algo opinable. En este sentido, aunque la Crónica najerense nos transmite estos dos datos, no parece que el autor tuviese una especial inclinación por la figura de Fernán González, y en realidad hay otros personajes de la familia condal, como Sancho García, que son tratados con más detalle y con una consideración más elevada (Bautista 2006). Sin embargo, esta misma actitud distanciada del cronista respecto de Fernán González pone de manifiesto la presión de las tradiciones legendarias, que aunque fuese de forma dubitativa alcanzaron a dejar alguna huella en el texto cronístico.

Otro indicio de la creciente consideración positiva y heroica del Conde es el llamado “Privilegio de los votos de San Millán”, un falso documento creado a fines del siglo XII, según el cual Fernán González, tras una importante victoria militar frente a un ejército musulmán en 934, instituyó un tributo anual de algunas localidades de la zona al monasterio de San Millán de la Cogolla, como recompensa por la participación del santo en la batalla (Peterson 2019). El “Privilegio de San Millán” se inspira en un documento similar fabricado unos años antes, que establecía un tributo anual para la iglesia de Santiago, conocido como “Privilegio de los votos de Santiago”, compuesto hacia 1170. Ahora bien, mientras que en el documento compostelano quien instituye el tributo es el rey leonés Ramiro II, y para nada aparece el Conde de Castilla, en el caso de los “Votos de San Millán” el personaje central es ahora Fernán González. Aunque los contenidos del texto no parecen de origen tradicional (sus fuentes son historiográficas y documentales), la mera elección del Conde como autor de la donación implica una consideración netamente positiva y refleja un prestigio de su memoria que contrasta ostensiblemente con la tradición historiográfica que hemos examinado. Así pues, y aunque sea de forma indirecta, puede concluirse que esta falsificación representa también una huella de la leyenda o de la visión legendaria del Conde, si no en los contenidos, sí en el aura de que se dota a su figura. Por lo demás, la falsificación emilianense conocería una amplia difusión gracias a un romanceamiento del documento y a su adaptación en verso por parte de Gonzalo de Berceo en la Vida de San Millán, escrita hacia 1230 (Dutton 1984; Grande Quejigo2000).

En resumen, para finales del siglo XII se había forjado ya una concepción heroica de Fernán González que contrastaba con el relato de Sampiro y con las historias influidas por él, y que hacía del Conde uno de los personajes paradigmáticos de la historia de la Castilla condal.

Aunque parece segura la existencia de una tradición legendaria sobre Fernán González a fines del siglo XII, sus contenidos solo son reconstruibles de forma conjetural. La Crónica najerense nos transmite dos motivos aislados, pero para encontrar un relato mínimamente articulado tenemos que acudir al propio Poema de Fernán González, y a obras posteriores, como las Mocedades de Rodrigo, la Crónica de 1344 o el romance “Castellanos y leoneses”, ya del final de la Edad Media. Probablemente la fuente más significativa para el estudio de la leyenda sea el poema de las Mocedades de Rodrigo (Funes 2004). En él, los hechos del Cid vienen precedidos de un extenso prólogo en el que se proporciona una historia de Castilla; dentro de tal prólogo destaca claramente la figura de Fernán González, que viene a representar una suerte de modelo para el Cid. Se nos ofrece aquí una breve narración sobre el Conde, donde sobresalen dos núcleos biográficos principales, que en buena medida coindicen con los dos elementos rescatados ya por la Crónica najerense: 1. en primer lugar, la prisión del Conde por el rey de Navarra (situada aquí no en Cirueña, sino en Vañárez), tras la cual se produce la promesa matrimonial con la infanta navarra (llamada en las Mocedades ‘Constanza’); y 2. la liberación de Castilla respecto de la dominación leonesa. El resumen de la vida del Conde según este texto podría enunciarse con el verso 18 de las Mocedades: “Et non queria obedeçer el Conde a moro nin cristiano” (Funes 2004).

Esta imagen del héroe rebelde se encuentra reflejada también en dos textos posteriores (la Crónica de 1344 y el romance “Castellanos y leoneses”). En la primera, escrita en Portugal por el conde Pedro de Barcelos, se desarrolla sobre todo una de las escenas finales de la historia, que corresponde al momento de las vistas entre Fernán González y el rey de León, y esa misma escena es la que se trata en el texto romancístico. En ambos casos, destaca el carácter orgulloso y levantisco del Conde, que llega incluso a amenazar al rey y que se despide de él de forma injuriosa. En este sentido, la imagen tradicional de Fernán González parece ligada insistentemente a esa idea de vasallo rebelde, a la contestación de la autoridad representada por el monarca leonés, y a sus numerosas contiendas con los vecinos leoneses y navarros. Quizá estas características expliquen la difícil inscripción de la memoria legendaria del Conde en las crónicas medievales, como sucede en el caso de la Crónica najerense. Tampoco deja de ser interesante notar que los textos donde se desarrolla precisamente la dimensión rebelde del Conde se encuentren alejados de la tradición monárquica, y que sean obras de inspiración tradicional o aristocrática (como en el caso las Mocedades y como sucede con la Crónica de 1344, respectivamente), donde dicha imagen parecía tener un mejor acomodo. Del mismo modo, no puede considerarse casual que la inscripción de la figura del Conde en la historia promocionada por Alfonso X haya tomado como base no la tradición legendaria, sino el Poema de Fernán González, donde esa imagen del héroe rebelde había sido transformada para convertirlo en un personaje piadoso y modélico, mucho más acorde a los patrones de la historiografía regia.

 

Producción literaria

Poema de Fernán González

El Poema de Fernán González constituye la principal obra literaria sobre el Conde castellano que hoy se conoce, y tuvo una importante influencia ya en la Edad Media. El texto se incardina dentro del Mester de Clerecía, que se compone de poemas narrativos en cuaderna vía dedicados a héroes de la Antigüedad (como Alejandro o Apolonio) o a temas hagiográficos (ya sean los milagros de la Virgen, o las vidas de santo Domingo o de san Millán). Mientras que todos estos textos se basan en general en fuentes latinas, el Poema de Fernán González no sigue una fuente precedente del mismo tipo, y presenta un grado de invención en cuanto a los contenidos superior al que encontramos en los otros textos. Este rasgo ha hecho que la obra se haya caracterizado frecuentemente como un híbrido, como una original mezcla de tradiciones, en la que se combinan modelos eruditos y tradiciones folclóricas y orales.

La estructura del Poema se puede dividir en tres partes (Gimeno Casalduero 1968). La primera parte (coplas 1-172) constituye una suerte de extenso prólogo histórico, que ofrece un relato de la historia de España desde la época visigoda hasta los tiempos de Fernán González. Esta sección tiene una importante función, en cuanto sirve para contextualizar la biografía del Conde y para dar un sentido a sus acciones. En esta parte encontramos una estructura frecuente también en la historiografía, basada en la dinámica de caída y redención: se presenta una visión elogiosa de los visigodos, enfatizando el aspecto militar, y a continuación se narra la conquista islámica, para continuar con el alzamiento de Pelayo. La sección, que incluye una versión del motivo del elogio de España (la laus Hispanie) y una breve narración de la batalla de Roncesvalles, concluye con el reinado de Alfonso II y la elección de los Jueces de Castilla. La segunda parte del Poema (coplas 173-558) se centra ya en el personaje de Fernán González, y se organiza en torno a dos ejes temáticos: las guerras contra Almanzor, y las guerras contra el rey de Navarra y el conde de Tolosa. Hay una cuidada disposición de la materia, que entrelaza estos contenidos y los dispone en series duales: dos batallas contra Almanzor (batalla de Lara, coplas 191-277, batalla de Hacinas, coplas 377-558), y dos batallas contra los vecinos cristianos (batalla de la Era Degollada y batalla contra el conde de Tolosa). Las primeras están separadas narrativamente, mientras que estas dos últimas se ofrecen de forma seguida (coplas 278-376). Las victorias sobre Almanzor concluyen con donaciones al monasterio de Arlanza, y muestran los lazos del Conde con ese centro. En este sentido, Arlanza aparece como el centro simbólico de las hazañas de Fernán González, y todo apunta a que el poeta quiso romper el lazo que había establecido Berceo entre el Conde y el monasterio de San Millán, centro que no figura en absoluto en el poema.

La tercera parte se focaliza en los conflictos de Fernán González con León y Navarra (coplas 559 hasta el final), aunque lamentablemente nos ha llegado incompleta por la interrupción de la copia escurialense. Comienza con unas cortes en León a las que acude el héroe, y donde la reina Teresa (hermana del rey de Navarra que había muerto en la batalla de la Era Degollada) trama la traición contra el Conde. Aquí tiene lugar la venta del caballo y el azor al rey de León, venta que al final del relato será clave en la independencia de Castilla. La reina leonesa le pide al héroe que acuda a Navarra para casarse con la princesa Sancha, y Fernán González es hecho preso en Cirueña, en la Rioja. Llevado a Navarra, Sancha libera al héroe castellano a cambio de que este se case con ella, y ambos emprenden camino a Castilla, donde han de vérselas con el mal arcipreste, que quiere aprovecharse de que el Conde camina con grilletes para forzar a la princesa. Una vez en Castilla, el rey de Navarra inicia las hostilidades, y es vencido y hecho preso por el Conde, quien a ruegos de su esposa lo libera. A continuación, hay una incursión de un ejército musulmán contra León, que es repelida por Fernán González, quien acude a León, donde por las envidias que comienza a suscitar no es bien recibido. Vuelto a su tierra, el Conde debe enfrentar una nueva invasión del rey de Navarra, que es vencido una vez más, ahora definitivamente. A partir de este punto, ya no contamos con el texto poético, aunque las prosificaciones de la Estoria de España y del Memorial de historias permiten conocer al menos el contenido. Fernán González es convocado a cortes en León, donde otra vez es apresado. Sancha, fingiendo un peregrinaje a Santiago, aprovecha para visitarle y el Conde escapa de la prisión disfrazado con las ropas de su esposa. A partir de aquí, Fernán González reclama el pago del azor y el caballo, y el rey de León, viendo que ello le resulta imposible decide entregarle el condado de Catilla sin sujeción al rey de León. Tras una vida dedicada a la guerra, el Conde muere en Burgos, y es enterrado solemnemente en el monasterio de San Pedro de Arlanza. La disposición de esta tercera parte tiene también una estructura dual, basada en el entrelazamiento de los episodios centrados en Navarra y en León. Frente a la segunda, ocupan un lugar menor las batallas contra los musulmanes, y adquieren por otro lado un protagonismo destacado los personajes femeninos de Teresa y Sancha, que representan dos modelos contrapuestos.

En cuanto a las fuentes, podríamos distinguir entre fuentes eruditas y fuentes tradicionales. Para la primera parte, en que el poeta ofrece ese resumen de la historia previa a Fernán González, se basó en el llamado Libro de las generaciones y linajes de los reyes (o Liber regum), una suerte de sumario histórico en romance, compuesto en Navarra hacia 1207, y que tuvo una extraordinaria circulación e influencia en toda la Edad Media (Cintra 1952; Martin 1992; Bautista 2019). Además de esta obra histórica, el autor del Poema hubo de conocer una crónica general en latín, aunque no es seguro si manejó el Chronicon mundi de Lucas de Tuy (compuesto hacia 1236) o bien la Historia gothicade Jiménez de Rada, escrita en 1243. Algunas similitudes en el caso de la versión de la laus Hispanie parecen apuntar a este segundo texto, aunque es una cuestión que merece todavía una comparación minuciosa.

Al margen de las fuentes historiográficas, el poeta se inspiró también en la hagiografía, sobre todo para componer ciertos pasajes de la segunda parte de la obra, como los encuentros del héroe con el monje Pelayo, los sueños o las oraciones. Es probable que el episodio en que el héroe, persiguiendo a un “puerco”, descubre la ermita donde después manda construir el monasterio de Arlanza y dialoga con el monje Pelayo, se inspire en la leyenda de san Eustaquio, que tuvo una amplia difusión en la Edad Media (Keller 1955; Johnston 2008). También hay huellas que indican que el poeta conoció varias obras de Berceo, entre ellas la Vida de santo Domingo de Silos, y también la Vida de San Millán, donde, como hemos visto, figuraba Fernán González. Los textos de Berceo le sirvieron de modelo literario y contra-modelo ideológico, en el sentido de que el poeta arlantino trató de desvincular a su héroe de la apropiación emilianense que había gestado Berceo. En este sentido, es posible que la batalla que da lugar a los Votos de San Millán en el poema de Berceo haya sido una de las fuentes de inspiración para la narración de la batalla de Hacinas en el Poema de Fernán González. Además de los modelos hagiográficos, el poeta recurrió a patrones característicos de la Biblia y de la exégesis bíblica para la construcción de su obra, como la idea de “figura” o de representación figural, que le permitieron establecer una serie de paralelismos significativos entre el héroe castellano y otros personajes de la historia (Deyermond 2015). Aparte de las obras de Berceo, el poeta conoció otros textos del Mester de Clerecía, en particular el Libro de Alexandre, que representa sin duda el modelo estilístico más importante en el poema.

Las fuentes tradicionales son lógicamente más difíciles de delimitar, aunque todo indica que están detrás de muchos de aquellos contenidos para los que no contamos con un modelo textual conocido y que con variaciones figuran en otros textos en los que no parece haber influencia directa del Poema. En la primera parte, cuando el autor refiere la batalla de Roncesvalles y la participación de Bernardo del Carpio en la victoria sobre Carlomagno, es muy probable que se apoye en la leyenda épica sobre este héroe, combinada con datos que encontramos en Lucas de Tuy o Jiménez de Rada (Bailey 2014; Bautista 2015). La presencia de fuentes tradicionales en la narración sobre los hechos de Fernán González parece también innegable. Estas se concentran sobre todo en la tercera parte del texto, es decir, en el episodio de la prisión del Conde en Cirueña y en los conflictos con el reino de León. Varios de estos episodios aparecen en obras anteriores, como la Crónica najerense, y posteriores, como las Mocedades de Rodrigo, pero independientes del Poema. A menudo se ha postulado que el autor del Poema de Fernán González se basó en un cantar de gesta hoy perdido, y aunque naturalmente se trata de una hipótesis, parece aquella que mejor da cuenta de los materiales de que disponemos (Chalon 1976: 389-475; Catalán 2001: 106-111; Vaquero 2014).

 

Tradición textual

El poema se ha conservado en un manuscrito único que, como es frecuente en la Edad Media, carece de título. El de Poema de Fernán González es el más común y difundido, aunque se han empleado otros títulos como los de Libro de Fernán González, Poema de la fundación de San Pedro de Arlanza o Libro del conde de Castilla. No hay datos explícitos tampoco sobre el autor y la fecha del texto. Por su contenido, en el que aparece la leyenda de la fundación del monasterio de Arlanza por el héroe, y en el que se refuerza la vinculación entre este y el monasterio, todo indica que fue patrocinado por el cenobio y escrito por un monje de ese centro. En cuanto a su fecha, es difícil ofrecer una datación precisa. El texto debe ser anterior a 1270, momento en que comenzó a redactarse la Estoria de España de Alfonso X y entre cuyas fuentes el Poema figuró desde el comienzo. El poeta arlantino conoció diversas obras compuestas entre 1230 y 1240, por lo que su obra ha de ser posterior a estas fechas. Puede, entonces, situarse en un arco cronológico que va aproximadamente desde 1250 a 1270, tal vez en los comienzos del reinado de Alfonso X, hacia 1260. El rey Sabio tuvo una estrecha vinculación con los antiguos y prestigiosos monasterios castellanos (como Cardeña, Silos o Arlanza), y es posible aventurar que los monjes hubiesen enviado una copia al rey, quizá con el objetivo de que fuese usado como fuente de la Estoria de España, como sucedió finalmente.

A pesar de que el texto debió gozar de una estimable circulación, solo ha llegado hasta nosotros un manuscrito de finales de la Edad Media, que presenta numerosos problemas, conservado en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, ms. b-IV-21. Se trata de un manuscrito misceláneo, en papel, fechable entre 1460-1480, que contiene varias obras: 1. Sem Tob, Proverbios morales; 2. Pedro de Veragüe, Tratado de la doctrina cristiana; 3. Danza general de la muerte; 4. Revelación de un ermitaño; y 5. Poema de Fernán González. Mientras que los cuatro primeros textos se encuentran copiados en una gótica libraria, de factura esmerada, el texto del poema está escrito en una gótica cursiva, bastante descuidada, en la que pueden distinguirse tres manos. Se trata además de un testimonio incompleto, ya que se interrumpe sin incluir la parte final del texto, sin que sepamos si ello se debe a que el antígrafo era incompleto, o a un abandono del trabajo de los copistas. La poca calidad material de la copia parece en sintonía con un desempeño mediocre por lo que hace a la reproducción textual del modelo que los copistas tuvieron ante sus ojos, y pueden detectarse frecuentes errores. Esto ha llevado a que los estudiosos hayan debido enfrentar una tarea delicada a la hora de editar el Poema, ya que por un lado solo tenemos este testimonio, pero al mismo tiempo parece claro que se trata de un testimonio defectuoso, que es preciso corregir en algunos puntos. Para esa tarea crítica, se ha acudido esencialmente a dos apoyos: por un lado, a la métrica, y por otro, a una serie de testimonios parciales o indirectos de la obra. El recurso a la métrica depende de la idea que se tenga a propósito de lo que hubo de ser la concepción original del poeta, es decir, si este produjo una obra regular, al igual que parece ocurrir en las demás obras del Mester de Clerecía, o si más bien habría aceptado versos irregulares, quizá bajo la inspiración de los cantares de gesta.

Sobre el resto de testimonios parciales o indirectos, cabe destacar los que detallo a continuación. 1. Gonzalo de Arredondo, que fue monje del monasterio de Arlanza a fines del siglo XV y comienzos del XVI, escribió una obra histórica (de contenido fuertemente legendario) en la que Fernán González tenía un destacado protagonismo (Vaquero1987). La obra se basa en fuentes historiográficas (la principal es la Crónica de 1344) y conoció varias versiones. Arredondo tuvo a su disposición un ejemplar del Poema de Fernán González que se conservaba en Arlanza, y copió las estrofas 158-170 y 195-207. Este testimonio parcial no permite completar el texto conocido, pero sí contribuye a corregir la copia escurialense en esas secciones. 2. Por otro lado, el erudito Gonzalo Argote de Molina poseyó un manuscrito del Poema (hoy perdido o en paradero desconocido), y recogió las coplas 171-174 en su Discurso sobre la poesía castellana, incluido en su edición de El conde Lucanor de don Juan Manuel, aparecida en 1575. Se trata de una copia fragmentaria y tardía, y sabemos que Argote de Molina tendía a modernizar los textos, pero es también un apoyo útil para la edición de las coplas citadas. 3. Por último, quince versos del Poema aparecen copiados en una teja de la ermita de Santa Marina en Villamartín de Sotoscueva (Burgos), que se relacionan con las coplas 106-108 y 180. Parece más bien una refundición que una copia, pero este sorprendente testimonio demuestra una vez más la difusión del Poema. Sabemos, en fin, que el bibliófilo Hernando Colón tuvo un manuscrito completo del texto, que estaba dedicado exclusivamente a esta obra, y que lamentablemente parece perdido (quizás fuera el que después tuvo Argote de Molina).

En cuanto a los testimonios indirectos, estos vienen representados por diversas prosificaciones del texto dentro de obras históricas. La más conocida, y la más temprana, es la realizada en el taller historiográfico de Alfonso X, donde la obra fue usada como una fuente histórica esencial para la narración de la vida de Fernán González. Los historiadores prosificaron el Poema y lo usaron con amplitud a partir del momento en que se centra en el personaje del Conde (copla 171), y su aprovechamiento es relativamente fiel hasta el final del texto poético. De la Estoria de España alfonsí se conocen para esta sección tres versiones: la llamada Versión primitiva (c. 1270-1274), la Versión crítica (c. 1282-1284), y la Versión amplificada (c. 1289), patrocinada por Sancho IV. Las tres se basaron no solo en la misma prosificación, sino en un borrador historiográfico en el que las secciones derivadas del Poema se habían combinado ya con otras fuentes y estructurado de forma cronológica. Es decir, no son prosificaciones independientes. Sin embargo, las tres versiones derivan independientemente de ese arquetipo, y todas ellas deben ser consultadas de forma paralela si se recurre a este testimonio indirecto para la edición del Poema. Por otro lado, los historiadores conocieron, según todos los indicios, un testimonio completo, de modo que los hechos que se narran sobre el Conde posteriores al momento en que termina la copia conservada y que no proceden de fuentes conocidas pueden razonablemente atribuirse al texto en cuaderna vía. Esto permite conocer el contenido narrativo del final del texto, aunque se trata de una cuestión que no ha estado exenta de controversia (Bailey 1996).

El Poema de Fernán González fue conocido por Pedro de Barcelos y usado en su Crónica de 1344. Con todo, puesto que esta crónica se basa en la Versión amplificada, su uso del texto poético es secundario, y dado que la redacción de la crónica originalmente se hizo en portugués su aprovechamiento con fines editoriales, es decir, para la edición del Poema, resulta poco fiable. Más importancia reviste otra prosificación bajomedieval, identificada por Mercedes Vaquero (2008) en una obra titulada Memorial de historias. Se trata de un testimonio indirecto destacable por varios motivos: por su independencia respecto de la Estoria de España, por mostrar la vitalidad y difusión del poema de cuaderna vía, y por los datos que ofrece sobre la parte final del texto, ausente en el manuscrito escurialense. En este sentido, el contenido narrativo es similar al de la Estoria de España, y confirma por tanto cuál había de ser en esa sección el relato del Poema.

 

Recepción socio-literaria

El Poema de Fernán González tuvo una enorme repercusión en la Edad Media y de forma directa o indirecta modificó para siempre la imagen del Conde castellano. Como ya hemos señalado, el Poema fue usado tempranamente como una fuente histórica más en la Estoria de España de Alfonso X, cuya composición arranca hacia 1270. Los historiadores alfonsíes asumieron en su totalidad el relato poético sobre el Conde, al que sumaron las escasas informaciones que transmitían los textos históricos de Lucas de Tuy y Jiménez de Rada. De este modo, aunque en la obra no desaparecen por completo las actuaciones que con tintes negativos había consignado Sampiro y que se reiteraron en las obras posteriores, los nuevos hechos suministrados por el Poema tenían un desarrollo narrativo muy superior y, en conjunto, suponían una transformación radical de la imagen de Fernán González, convertido ahora en un héroe sin paliativos. La Estoria de España tuvo una difusión amplísima en la Edad Media y en la temprana Modernidad, lo que hizo que la presentación de Fernán González forjada en el Poema y difundida en la Estoria alfonsí se convirtiese en la vulgata histórica a partir de finales del siglo XIII. Es verdad que la imagen del héroe rebelde subsistió a través de piezas como el romance “Castellanos y leoneses” y de la influencia de la Crónica de 1344, pero se trata de una breve escena (la de las vistas entre el rey y el Conde cerca de Carrión), que queda casi como un vestigio o un matiz complementario a la tradición canónica que había conformado el Poema y que autorizó y difundió la Estoria de Alfonso X.

A diferencia de lo que sucedió en otros casos, la obra de Alfonso X no oscureció por completo a su fuente poética, y el Poema de Fernán González siguió ejerciendo una cierta influencia en los siglos XIV y XV. Así, aunque Pedro de Barcelos se basó en la Versión amplificada de la Estoria de España para componer esta sección de su Crónica de 1344, manejó también una copia del poema de cuaderna vía, e introdujo algunos retoques en el texto cronístico a partir de ella. Pedro de Barcelos, que tuvo acceso a un amplio caudal de fuentes, conoció también una tradición legendaria sobre las últimas hazañas del Conde (tal vez un cantar de gesta), mediante las que modificó el relato que ofrecía su fuente sobre la independencia de Castilla. A pesar de la complejidad de la composición de la Crónica de 1344, esta obra representa un testimonio significativo de la difusión del poema de cuaderna vía. A fines del siglo XV, tenemos otros dos indicios de la vitalidad de esta obra. Hacia 1492, el anónimo autor del Memorial de historias tuvo acceso a una copia del Poema, y mediante ella ofreció un resumen de la biografía del Conde castellano, que insertó en un relato más amplio de la historia de España. Por esas mismas fechas, Gonzalo de Arredondo, monje del monasterio de Arlanza, inició la composición de una obra histórica en cuyo centro se sitúa la figura de Fernán González. Basada en la Crónica de 1344, la obra de Arredondo introdujo diversos añadidos, que en ocasiones reflejan el conocimiento del Poema, una copia del cual debía encontrarse depositada en Arlanza. Como hemos visto, el propio Arredondo copió varias coplas del Poema.

A partir del siglo XVI el conocimiento directo del poema de cuaderna vía parece haber sido muy limitado. El erudito y bibliófilo Gonzalo Argote de Molina tuvo una copia del texto (hoy perdida), y lo citó en una de sus obras, pero es un caso excepcional. El historiador Prudencio de Sandoval citó algunas coplas a comienzos del siglo XVII, pero parece que las conoció de forma indirecta, a través de la obra de Arredondo (Marden 1904). Si bien el Poema siguió influyendo a través de su utilización en la Estoria de España y sus derivados (por ejemplo, la crónica alfonsí impresa por Florián de Ocampo en 1541), lo cierto es que no hay indicios de que el texto de cuaderna vía fuese apenas conocido durante el Siglo de Oro. Solo reaparecería en el contexto de los estudios históricos del siglo XVIII, cuando se produce un movimiento de recuperación de la literatura de la Edad Media. Así, Tomás Antonio Sánchez tuvo la intención de incluir el Poema en el tomo quinto de su Colección de poesías castellanas, pero este proyectado volumen ya no alcanzaría a ver la luz (Deyermond 1997), y el texto solo se publicó, primero de forma parcial, y luego completa, ya en el siglo XIX. Sea como fuere, las fuentes de Sánchez y de los editores posteriores fueron similares a las que conocemos en la actualidad. Si es cierto que el Poema de Fernán González tuvo una estimable difusión en la Edad Media y que debieron existir varias copias del mismo, a mediados del siglo XVIII ya solo se conocía el manuscrito escurialense, sin que lamentablemente hayan aparecido otros testimonios poéticos completos o casi completos con posterioridad.

 

Recepción crítica

Como sucede a menudo con las obras literarias medievales que tratan de temas históricos o tradicionales, la investigación sobre el Poema de Fernán González ha estado en cierta medida dividida entre los estudios que tratan sobre la leyenda del Conde castellano y aquellos otros centrados en el propio Poema. Los estudios sobre la leyenda tienden a privilegiar un corpus amplio y dilatado en el tiempo, y a centrarse, bien en la reconstrucción del hipotético núcleo legendario más antiguo, bien en las reescrituras y diversas presentaciones de Fernán González, llegando hasta el teatro del Siglo de Oro y aun a obras posteriores. Los estudios sobre el Poema se han concentrado más bien en la construcción retórica del texto, en su métrica, en los personajes, o en sus fuentes y estructura. Se trata de dos modelos de análisis difíciles de conjugar, y es frecuente que en los estudios sobre la leyenda se descuide el análisis literario del Poema, y que en los trabajos sobre este el tratamiento de las fuentes legendarias resulte a menudo un tanto superficial o incompleto.

Al margen de estas dos grandes corrientes críticas, es imprescindible mencionar la investigación centrada en la figura histórica de Fernán González. Aunque afecta de forma más marginal al enfoque propiamente literario, no se encuentra completamente desligada de la comprensión de la leyenda y del Poema. Dada la enorme influencia del texto de cuaderna vía, los hechos allí narrados siguieron siendo aceptados como históricos hasta los comienzos de la metodología histórica moderna. Sin embargo, el tradicionalismo de los estudios sobre la historia de la Castilla condal ha provocado que incluso a mediados del siglo XX todavía se aceptasen como hechos históricos muchos de los contenidos del Poema. Es el caso de la Historia del condado de Castilla de Pérez de Urbel (1945), sobre la cual Sánchez-Albornoz (1949) afirmó que podía entenderse casi como una reescritura del Poema de Fernán González. En cierto modo, Pérez de Urbel había hecho un uso del texto poético en cuaderna vía análogo al que seis siglos antes habían realizado los historiadores de Alfonso X. En la reciente historia de la Castilla condal de Martínez Díez (2005) puede verse un análisis de la trayectoria de Fernán González en el que las fuentes documentales e historiográficas ocupan el primer plano, y en donde el poema de cuaderna vía ha desaparecido casi por completo.

Los estudios sobre la leyenda tuvieron dos impulsos fundamentales. Por un lado, los trabajos de Menéndez Pelayo sobre el romancero y sobre el teatro de Lope de Vega de temática histórica, dentro de los cuales el personaje de Fernán González ocupa un lugar destacado. Estos trabajos han seguido inspirando una importante corriente crítica que ha indagado en lo que podríamos llamar el mito del Conde castellano, tanto en el Siglo de Oro como en el teatro de temática histórica posterior (Correa Calderón 1946; Grande Quejigo y Roso Díaz 2005). Por otro lado, las investigaciones de Menéndez Pidal sobre la épica española y sobre el Romancero dieron una nueva vertiente a los estudios de la leyenda, encaminada no tanto hacia las reescrituras sino más bien hacia los orígenes, al intento de identificar la trama original de la leyenda, el contexto de su creación y sus relaciones con la realidad histórica. Menéndez Pidal (1899) dedicó un importante estudio a los romances sobre Fernán González, en el que sobresale su tratamiento del romance “Castellanos y leoneses”, para cuyo análisis recuperó por primera vez el relato de la Crónica de 1344. Más adelante, trató de esta leyenda en su Historia de la épica española, pero en la parte publicada hasta ahora (Menéndez Pidal 1992) el autor se dedica sobre todo a los hechos históricos, y apenas se centra en las noticias legendarias. En este sentido, puede decirse que la investigación de Menéndez Pidal sobre Fernán González fue parcial, y las conclusiones de su análisis general se encuentran en buena medida aún inéditas.

En todo caso, el estudio de los orígenes de la leyenda de Fernán González y su posible circulación en forma de cantar de gesta ha sido un tema recurrente de estudio. Aunque en ocasiones se ha señalado una necesaria prevención metodológica contra la tendencia a postular un cantar de gesta para cualquier información de tipo legendario (Montaner 2008), parece haber una aceptación general sobre la hipótesis de un poema épico en torno al Conde castellano, que correspondería sobre todo a episodios referidos en la tercera parte del Poema de Fernán González, y que se reflejan en otras obras como la Crónica najerense, las Mocedades de Rodrigo, la Crónica de 1344 o el romance “Castellanos y leoneses” (Chalon 1976, Grande Quejigo 1991, Deyermond 1995: 63-65, Bailey 1999, Catalán 2001, Vaquero 2004; para una opinión distinta, véase Martin 1994: 41). Sobre la memoria historiográfica de Fernán González entre los siglos X y XIII, véase la amplia monografía de Cotrait (1977), que forma parte de una investigación que lamentablemente quedó inconclusa.

Los estudios dedicados específicamente al Poema de Fernán González se han desarrollado sobre todo desde mediados del pasado siglo. Con anterioridad a esa fecha, la investigación se había centrado principalmente en el estudio textual. Marden (1904) produjo la primera edición moderna de la obra, con unos resultados excelentes para la época, donde hay informaciones detalladas sobre las anteriores ediciones y sobre los testimonios conocidos en ese momento. Menéndez Pidal (1905), a quien Marden había dedicado su edición, publicó una importante reseña, en la que demostraba el interés de la Estoria de España para la corrección del texto. El propio Menéndez Pidal (1980) editó nuevamente el Poema, publicando también las secciones correspondientes de la historia alfonsí, concretamente la Versión amplificada. El uso de esta versión llevó a Menéndez Pidal a suponer coplas perdidas en lo que no eran sino amplificaciones de esa redacción de la Estoria de España. La investigación textual conoció un importante impulso a partir de los años 80 del pasado siglo. Muro (1989) publicó por primera vez la sección sobre Fernán González de la Versión primitiva de la Estoria de España, y más tarde llevó a cabo una edición del Poema en la que se apoyaba en la métrica para intervenir en el texto (Muro 1994). En 1987 y 1989 aparecieron dos ediciones facsímiles del manuscrito escurialense, donde hay descripciones pormenorizadas del códice (Geary 1987, con transcripción paleográfica; Ruiz Asensio et al. 1989, con transcripción modernizada). Por la misma época, el descubrimiento de un manuscrito de la Versión crítica de la Estoria de España dio lugar a una completa renovación de los estudios sobre la obra alfonsí (Fernández-Ordóñez 1993; Catalán 1997), y hoy contamos con una edición de esta importante versión (Campa2009). La sección sobre Fernán González en las tres versiones de la Estoria de España se puede consultar ahora en la edición digital dirigida por Ward (2016). Entre los testimonios parciales del Poema, cabe destacar el hallazgo de la teja de Villamartín de Sotoscueva (Hernando Pérez 1986; Gwara 2005; Velázquez 2006). Y por lo que hace a los testimonios indirectos, el aporte reciente más significativo es la identificación de una nueva prosificación del Poema en el Memorial de historias, hallazgo que se debe a Vaquero (2008), que ha editado la parte correspondiente. Entre las ediciones críticas del Poema, cabe destacar la más reciente, debida a López Guil, y de la que se han publicado dos versiones, ambas aparecidas en 2001, y que responderían a los conceptos de editio maior (publicada en el CSIC) y minor (en Biblioteca Nueva). Entre los últimos estudios textuales, son destacables, en fin, los numerosos trabajos que viene publicando Veiga (2001, 2002, 2015, 2016, 2017), que le han llevado a proponer un stemma de la tradición directa e indirecta. Tal stemma tiene una escasa incidencia práctica sobre la edición del texto, pero constituye en cambio una relevante hipótesis sobre la transmisión y circulación de la obra. Existen dos versiones modernizadas del Poema(Alarcos Llorach 1955 y Pérez Priego 1986) y una reciente traducción al inglés (Such y Rabone 2015).

Los aspectos literarios del Poema han recibido una atención crítica sostenida, y aquí solo pueden mencionarse algunos de los caminos de la crítica. Para la posición del Poema dentro del marco de los otros textos de cuaderna vía en el siglo XIII, puede verse la monografía clásica de Uría Maqua (2000), y sobre la singularidad del Poema de Fernán González en ese contexto, los estudios de Avalle-Arce (1978) y Ancos (2014). La lengua del Poema ha sido estudiada sobre todo en el plano léxico (García de la Fuente 1978; Garrido Moraga 1985-1986), aunque también ha habido aproximaciones a la lengua desde planteamientos más amplios (Muro 1989, Veiga 2017). A la estructura se le han dedicado varios trabajos, desde los artículos fundacionales de Keller (1957) y Gimeno Casalduero (1968), hasta las monografías de Rossaroli de Brevedan (1987) y Garrido Moraga (1987). El análisis de Deyermond (2015) sobre el papel de la “figura” en la construcción poética tiene también implicaciones sobre la estructura. La identificación de las fuentes ha sido también una línea de investigación fructífera, y en este sentido pueden verse las monografías de West(1983) y Keller (1990), donde hay abundantes datos a este respecto. En ambas obras hay información sobre los motivos folclóricos presentes en el Poema, aspecto también tratado por Deyermond y Chaplin (1972), Harvey y Hook (1982) y Pérez Priego (1989). Sobre la métrica, cabe destacar el trabajo de López Guil (2000). En cuanto al estilo, puede verse el análisis de las fórmulas efectuado por Geary (1980), donde se encontrará una aproximación contrastiva con las Mocedades de Rodrigo. La retórica del Poema recibe un tratamiento minucioso y completo en las introducciones de López Guil a sus ediciones (2001a y 2001b). En la última parte del texto de cuaderna vía destacan los personajes femeninos, que tienen un importante protagonismo (Teresa y Sancha), aspecto que ha recibido una creciente atención crítica (Lacarra 1988, Castro Lingl 1996, Vaquero 2005, Ratcliffe 2011, Hazbun 2011, Corry 2017). También se han estudiado las características de la construcción de la imagen del héroe (Weiss 2006, Coates 2009), y las implicaciones contextuales o sociopolíticas del Poema (Lacarra 1979, Martín 2014, Duque 2017). Un análisis reciente que explora la conexión del texto con el monasterio de Arlanza en López Guil (2019), y para la situación del monasterio a mediados del siglo XIII, véase Escalona et al. (2002 y 2006). Un estudio comparado entre el Poema y el Cantar de Mio Cid puede verse en Bailey (1993). Zaderenko reunió un importante conjunto de artículos en un número monográfico de la revista Romance Quarterly en 2014, que supuso un avance sobre diversos aspectos de la obra. La propia editora ofrece un estudio sobre la imagen de los musulmanes en el Poema (Zaderenko 2014b). Huelga decir que en todos estos trabajos puede recabarse más bibliografía.

 

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Responsable: Bautista, Francisco.
IEMYRhd, Universidad de Salamanca.

Revisión: Grupo de investigación LETRA.

Cómo citar y DOI del artículo: 
Bautista, Francisco, «Poema de Fernán González», Diccionario de autores literarios de Castilla y León (en línea), dir. y ed. María Luzdivina Cuesta Torre, coord. Grupo de investigación LETRA, León, Universidad de León, 2020. En línea en <http://letra.unileon.es>. DOI:  https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i35

Editado en León por © Grupo de investigación LETRA, Universidad de León. ISSN 2695-3846.

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