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DOI: https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i45

ANTONIO DE TORQUEMADA

Nombre u obra homónima: Antonio de Torquemada

Lugar de nacimiento: Astorga, León

Otros nombres:

Geografia vital: Astorga (León); Benavente (Zamora), Salamanca, Italia

Año de nacimiento: 1505

Año de fallecimiento: 1568

Lengua de escritura: español -

Género literario: a:3:{i:0;s:8:"Diálogo";i:1;s:10:"Didáctica";i:2;s:17:"Narrativa extensa";}

Movimiento literario: a:1:{i:0;s:12:"Renacimiento";}

Relaciones literarias y personales: Antonio Alfonso Pimentel y de Herrera (1514 –1575), conde de Benavente, Jerónimo de los Ríos, Diego Sarmiento de Soto Mayor, obispo de Astorga, Claudio Bornat, impresor.

Temática: a:1:{i:0;s:7:"Sátira";}

Investigadores responsables: Suárez Martínez, Luis Miguel -

Por Luis Miguel Suárez Martínez

 

Biografía

Escasísimos son los datos seguros que se conocen sobre la vida de Antonio de Torquemada. De ahí que sea necesario recurrir a su propia obra para poder reconstruir, con mayor o menor grado de certeza, su biografía. Si lo identificamos, como todo parece indicar, con el personaje homónimo que aparece en sus diálogos, se pueden espigar —con todas las cautelas que este método conlleva— algunos pormenores de su trayectoria vital.

Teniendo en cuenta que el Antonio de El jardín de flores curiosas dice ser muy niño «en el año de trece o catorce sobre quinientos», se puede deducir que Torquemada debió de nacer hacia el segundo lustro de la primera década del siglo XVI, probablemente en Astorga, ciudad a la que alude en esa misma obra varias veces. En cualquier caso, tanto sus referencias geográficas como sus conocimientos folclóricos locales y sus usos lingüísticos lo sitúan en un «ámbito leonés» (Rodríguez Cacho, 1988a).

Quizás a los diez años pasara a estudiar a la universidad de Salamanca, pero es bastante  probable que no llegara finalizar sus estudios, ya que, de ser así, habría hecho constar en sus obras su título académico. Algunas investigaciones recientes (Cáseda, 2024), por el contrario, plantean la hipótesis de que Torquemada pudo haber realizado estudios jurídicos en la universidad de Valladolid, ciudad en la que asimismo estaba radicada su familia. Pero nada de esto resulta seguro. Las diversas referencias a Italia que encontramos en sus libros y ciertos detalles que parecen desvelar un conocimiento directo de algunos lugares y hechos históricos llevan a pensar que durante su juventud viajó por aquel país.

No se sabe nada ni de su vida en Italia ni en España, tras su regreso, hasta que entra al servicio de la casa de Benavente, en la que ejercería el oficio de secretario de su sexto conde, Antonio Alfonso Pimentel y de Herrera, y quizás también el del preceptor del hijo de este. Según afirma en su Manual de escribientes, datado hacia 1553-1559, veintidós años llevaba ya por entonces sirviendo en la casa del conde. No obstante, la documentación conocida hasta ahora solo nos permite situar a Torquemada en su ejercicio de secretario del conde de Benavente a partir de 1541. En esa misma obra afirma haber servido a dos señores, lo que significaría que antes de servir al conde estuvo al servicio de otro prócer. Sin embargo, nada se conoce de esa circunstancia. Tuvo al menos dos hijos, Luis de Torquemada y Jerónimo de los Ríos (este último tal vez sea el mismo autor de la obra titulada La última batalla y final congoja con que aflige el demonio al hombre, aparecida en Valladolid en 1593).

En la ciudad zamorana debió de permanecer ya el resto de su vida. Del hecho de que el Jardín de flores curiosas esté dedicado a don Diego Sarmiento de Soto Mayor, obispo de Astorga, al que denomina «Mi señor» y del que se proclama «humilde servidor y criado» algunos estudiosos han deducido que en los últimos años de su vida dejó la casa de Benavente para pasar a servir al prelado astorgano, extremo que tampoco hasta el momento ha podido confirmarse. Lo único seguro es que permaneció a las órdenes del conde al menos hasta mayo de 1567, pues su firma de secretario aparece asociada a la del aristócrata castellano en algunos documentos de esa fecha. Falleció antes de 1569, circunstancia atestiguada por el privilegio del Jardín de flores curiosas, firmado el veinte de marzo de ese año, que se refiere a él como ya difunto.

 

Documento con la firma de Antonio de Torquemada

Documento con la firma de Antonio de Torquemada (Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA, C.478, D.16).

 

 

Producción literaria

En una carta de poder otorgada por Luis de Torquemada a su hermano Jerónimo de los Ríos sobre los derechos de imprenta de su padre, se citan «los libros que el dicho Antonio de Torquemada haya compuesto», que son el Olivante de Laura, los Coloquios satíricos y el Jardín de flores curiosas. Y a continuación se añade «e otros libros que parecieren haberse compuesto por el dicho Antonio de Torquemada, nuestro padre». Entre esos otros libros a los que alude esa última coletilla ha de incluirse el Manual de escribientes, que no llegó a imprimirse. En cambio, El ingenio o juego de marro, de punta o damas, atribuido por Nicolás Antonio en su Bibliotheca Hispana Nova (1672) al humanista astorgano, no debe figurar entre sus obras, pues, según José Antonio Garzón, dicha obra ha de adjudicarse en realidad a Juan de Timoneda. Por lo tanto, el humanista astorgano es autor de tres diálogos y una novela de caballerías.

 

  • Colloquios satíricos con un colloquio pastoril y gracioso al cabo dellos, Mondoñedo, Agustín de Paz, 1553.

En este libro se recogen siete diálogos que tratan, respectivamente, de «los daños corporales del juego y aun espirituales» (I);  los médicos y boticarios (II); «las excelencias y perfección de la vida pastoril» (III); el desorden en el comer y beber (IV); el desorden en los vestidos (V); de la honra (VI); y, finalmente, un coloquio pastoril «en que un pastor llamado Torcato cuenta a otros dos pastores llamados Filonio y Grisaldo los amores que tuvo con una pastora llamada Belisia» (VII).

 

Portada de la princeps de los coloquios satíricos

Portada de la princeps de los coloquios satíricos [ejemplar R/3243 custodiado en la BNE].

Como señala Rodríguez Cacho (1989), los contenidos que aquí se tratan «se corresponden en su totalidad con los principales intereses del humanismo español» del momento. En ese sentido, no dejan de reflejar ciertos tópicos de la época. No obstante, no se pueden incluir entre la literatura costumbrista, puesto que “es común en todos ellos la idea de reforma y la sugerencia de propuestas dirigidas a corregir los hechos que se censuran». Precisamente esta finalidad didáctica dio pie a una interpretación erasmista de la obra, defendida por Bataillon, y antes por Américo Castro y Elsdon. Actualmente, sin embargo, la crítica tiende a minimizar el impacto erasmista o incluso a negarlo, pues se reduce a «puntuales coincidencias, que no influencias, ideológicas y sobre todo formales» (Malpartida, 2004). En cualquier caso, el libro, al contrario de lo que ocurrió con el Jardín de flores curiosas, no suscitó los recelos de la Inquisición ni de los censores.

El otro aspecto destacado es la inclusión del diálogo pastoril, que cierra el libro, cuya estructura narrativa contrasta  con el resto de los coloquios (aunque en ellos algunos fragmentos puedan considerarse «relatos intercalados» (Malpartida, 2002). Se ha conjeturado que pudo ser originalmente un relato pastoril, luego adaptado mediante «las transformaciones pertinentes» (Malpartida, 2004) al género del diálogo para poder ser incluido en este libro. En cualquier caso, constituye el primer precedente de la narrativa pastoril en España, e incluso, para algunos estudiosos, se sitúa ya en la estela de «la novela moderna» (Malpartida, 2021).

 

  • Manual de escribientes, ed. de Mª. J. Canellada y A. Zamora, Madrid, Anejos del BRAE, 1970.

Esta obra, cuya composición se ha supuesto «muy verosímilmente entre 1552-1553 y 1559» (Martín Baños) y que probablemente estaba destinada a la imprenta, se ha conservado en un único manuscrito, que pasó a poder de Jerónimo de los Ríos, hijo del autor, hacia 1574. Concebida como un manual en forma de diálogo destinado a los secretarios para su ejercicio profesional (aunque también quiere dirigirse a todo el que desee aprender a escribir cartas), organiza su materia en cuatro partes.

La primera «trata de las condiciones y calidades que ha de tener quien oviere de servir el oficio de secretario». En ella se resumen las cualidades tanto  intelectuales —por ejemplo, el perfecto dominio de la lengua propia y el conocimiento  de otras lenguas (latín y  griego sobre todo, pero también italiano, francés o alemán)— como personales —así, la discreción—, que ha de reunir el buen secretario. Se ha señalado  que ese modelo de secretario ideal se corresponde, en realidad, con el propio Torquemada (Rodríguez Cacho, 1988b), por más que no falta quien haya señalado que la imagen de sí mismo que trasmite en este manual es la de «un secretario soberbio que transgrede sistemática y premeditadamente los preceptos que defiende y cuyo atrevimiento le conduce a ultrajar y vilipendiar al mismo señor bajo cuyo amparo vive y bajo cuyo auspicio coloca su obra» (Navarro).

La segunda es «un tratado de ortografía castellana», de especial interés para la historia de la lengua, pues ofrece diversos y valiosos datos sobre la pronunciación, las grafías o los usos lingüísticos del momento.

La tercera versa sobre  «las provisiones que comúnmente se hacen en este oficio». De indudable valor histórico, ya que refleja la práctica administrativa propia de una casa nobiliaria de la época, en ella se ofrece un repertorio de modelos de documentos que el secretario había de redactar en su trabajo burocrático cotidiano al servicio del conde.

La cuarta y última parte está consagrada a «las cartas mensajeras», es decir, a las de carácter más personal («para nuestros negocios propios o las cosas que nos tocaren»). Aquí se aborda de forma sucinta, aunque muy interesante, los diversos pormenores que afectan a su proceso de escritura (estilo, tipología, partes…) sin olvidar incluso aspectos materiales como el cierre de las cartas. Igualmente, como ocurría en el apartado anterior, se ofrece un repertorio de fórmulas y modelos para cada uno de los subgéneros epistolares. De especial interés resultan las reflexiones sobre el estilo, en las que se ha visto «un claro antecedente de la moderna Estilística» (Nieto Jiménez)

Aunque se inscribe dentro de la corriente de interés por la escritura epistolar, propia de la época, en la que proliferan este tipo de manuales, se puede considerar, sin embargo, precursora de los tratados específicos dirigidos a los secretarios. Por otro lado, el manual se ha considerado también «un elocuente documento autobiográfico», en concreto, como fuente indispensable para conocer «las relaciones del humanista con su señor y las insatisfacciones de su condición de secretario» (Rodríguez Cacho,  1988b).

 

  • Don Olivante de Laura, Barcelona, Claude Bornat, 1564.

Curiosas circunstancias rodean a esta novela, conocidas gracias a dos documentos —los ya citados poderes de los hijos del escritor—  dados a conocer por Rodríguez Cacho (1991). Por ellos sabemos que el manuscrito le fue sustraído al autor por un vecino de Toledo, llamado Alonso del Castillo de Lira, y publicado sin su consentimiento. Dividida en un prólogo «de gran originalidad» (Muguruza, 1991), que sirve para introducir el motivo del manuscrito hallado, y tres partes, la novela se atiene a las convenciones y motivos característicos del género —combates, desafíos, monstruos, gigantes, magos, sabia protectora del héroe…—, reveladores de las numerosas lecturas del autor. Entre ellas, destacan el influjo del Amadís y sobre todo el de las obras de Feliciano de Silva. De esta última quizás tome, entre otros detalles innovadores, la inclusión de diversos elementos pastoriles.

La tercera parte, mucho más breve que las anteriores, parece sugerir un final trunco, pues anuncia una cuarta parte que nunca se publicó, y la obra termina sin que el héroe alcance el cetro imperial que se anuncia en el título.

A pesar de la condena de Cervantes, el libro resulta menos disparatado que la mayoría de los de su género, incluso pueden señalarse en él diversos elementos realistas que denotan cierta «inquietud documental» (Duce 2001). De hecho, representa perfectamente la evolución general del género en España hacia una mengua de lo fantástico. En cualquier caso, se trata de un libro «ameno, entretenido y, sobre todo, bien escrito» (Cuesta) lo que lo «sitúa con pleno derecho entre las mejores muestras del género caballeresco» (Duce, 2002)

 

  • Jardín de flores curiosas, Salamanca, 1570.

Esta obra, la más exitosa de la suyas, aparecería ya tras la muerte del autor. Se trata de una miscelánea, género de raigambre clásica que conoció una notable popularidad en el Renacimiento, en el caso de España gracias a la Silva de varia razón de Pedro de Mejía. La influencia de la Silva será notable en el Jardín, si bien, frente a aquella, el escritor astorgano adoptará el cauce formal del diálogo y dividirá la materia en seis tratados:

      • El primero tratado es de aquellas cosas que la Naturaleza ha hecho y hace en los hombres fuera de la natural y común orden que suele obrar en ellos; entre las cuales hay algunas dignas de admiración, por no haber sido otras veces vistas ni oídas.
      • El segundo, de propriedades de ríos y fuentes y lagos; y del Paraíso terrenal y cómo se ha de entender y verificar lo de los cuatro ríos que dél salen, y en qué partes del mundo habitan cristianos.
      • El tercero, de fantasmas, visiones, trasgos, encantadores, hechiceros, bru­jas, saludadores, con algunos cuentos de cosas acaescidas y otras cosas curio­sas y apacibles.
      • El cuarto, de qué cosa es fortuna y caso, y en qué difieren, y qué es dicha, ventura, felicidad y constelación y hado; y cómo influyen los cuerpos celes­tiales y si son causa de algunos daños que vienen al mundo, con otras cosas curiosas.
      • El quinto trata de las tierras septentrionales y del crecer y descrecer de los días y noches, hasta venir a ser de medio año, y cómo toda aquella tierra es habitable y cómo les nace y se les pone el Sol y la Luna diferentemente que a nosotros, con otras cosas nuevas y curiosas.
      • El sexto trata de muchas cosas admirables que hay en las tierras del Sep­tentrión, de que en estas no se tiene noticia.

El primero incluye anécdotas y relaciones que entrarían dentro de lo que se podría llamar maravilloso —partos portentosos de más de trescientos hijos, monstruos humanos, gigantes de cuarenta pies…— cuya inverosimilitud contribuyó a la «fama patrañera del libro» (Allegra, 1982), y le valió duras descalificaciones de algunos críticos que lo tildan de «embusterísimo y patrañero» (Alfonso Reyes) o «fantástico y mendaz» (González de Amezúa). Por más que en su mayor parte las informaciones aquí suministradas, como en el resto del libro, estén tomadas de otros autores tanto clásicos como más modernos.

No pocos elementos pintorescos y maravillosos aparecen igualmente en el libro segundo. El tercero es quizás el más interesante y ameno, y por ello el que más ha contribuido a la fama y éxito de su autor. Algunas de las anécdotas aquí recogidas, como el del galán de monjas que contempla su propio entierro, además de ser considerada por algún estudioso «uno de los mejores episodios narrativos breves de todo el siglo XVI» (Rodríguez Cacho, 2005), constituyen uno de los primeros testimonios escritos de leyendas tradicionales luego desarrolladas por los escritores románticos, como Espronceda o Zorrilla.

El cuarto, cuyo asunto «en los tiempos de Torquemada era muy del gusto de filósofos y ensayistas» (González de Amezúa), tal vez hoy  suscite menos interés. Los dos últimos desarrollan un tema poco conocido en su momento, el de la vida en las tierras septentrionales, para cuya descripción sigue fundamentalmente la Historia de gentibus septentrionalibus (1555) de Olao Magno.

En general, y aparte del uso de fuentes librescas (clásicas, cristianas  y contemporáneas) citadas con abundancia, destaca el uso de fuentes orales, de carácter popular. En ocasiones incluso recurre al testimonio personal, aunque «es difícil calibrar hasta dónde lo aducido pertenece a la experiencia del autor, pues puede ser un modo retórico, presente en este género como artificio de credibilidad» (Rallo, 2005).

Sin duda, en algunos lugares cabe hablar de «su falta de criterio y moderación, comprensible únicamente por ese afán de superación de él mismo como escritor de novedades insólitas» (Rallo, 2005). Sin embargo, en otros detalles «muestra cierto racionalismo por lo menos hasta donde los conocimientos científicos y las creencias religiosas se lo permitían» (Colón). De todos modos, no debe perderse de vista ni el contexto histórico ni el afán literario del Jardín de flores curiosas, que, en este último sentido, muestra sin duda la evolución del género de la miscelánea desde lo expositivo hacia lo narrativo e incluso novelesco (Rallo, 1984). De hecho, muchas anécdotas —hasta 51, casi la mitad concentradas en el tercer capítulo, contabiliza Muguruza (2016)– constituyen auténticos relatos breves. En definitiva, esta obra resulta una de las misceláneas más interesantes del momento.

 

Tradición textual

Se enumeran a continuación las principales ediciones de obra:

 

MANUAL DE ESCRIBIENTES

  • Manual de escribientes, ed. de Mª. J. Canellada y A. Zamora, Madrid, Anejos del BRAE ,1970.
  • Manual de escribientes, en Obras Completas. I, edición y prólogo de Lina Rodríguez Cacho, Madrid, Turner (Biblioteca Castro), 1994, pp. 1-213.

 

COLOQUIOS SATÍRICOS

  • Los colloquios satíricos con un colloquio pastoril y gracioso al cabo dellos, hechos por Antonio de Torquemada, secretario del Illustríssimo señordon Antonio Alfonso Pimentel, conde de Benabente. Dirigidos al Muy Illustre y Muy Excelente señor don Alonso Pimentel, primogénito y sucessor en su casa y estado, etc. Mondoñedo, Agustín de Paz, 1553.
  • ———————, Bilbao, Mathías Mares, 1584.
  • ———————, ed. de M. Menéndez Pelayo, Madrid, Bailly-Baillière (NBAE, Orígenes de la novela.  II), 1907, pp. 485-581.
  • ———————, en George Davis Crow, Los «Colloquios satíricos con un colloquio pastoril», por Antonio de Torquemada. A Critical Edition, Austin, University of Texas, 1953 (Tesis Doctoral inédita).
  • ———————, en L. Rodríguez Cacho, Los «Coloquios satíricos con un Coloquio pastoril» (1553) de Antonio de Torquemada. Edición y estudio, Madrid, Universidad Autónoma, 1990, tomo III, pp.765-1319 (Tesis Doctoral).
  • ———————, en Obras Completas. I, edición y prólogo de Lina Rodríguez Cacho, Madrid, Turner (Biblioteca Castro), 1994, 215-493.
  • ———————, en Rafael Malpartida Tirado, Los diálogos de Antonio de Torquemada como realización genérica. Edición crítica de los «Coloquios satíricos», Universidad de Málaga, 2003, pp. 291-500 (Tesis Doctoral).
  • ———————, edición, introducción y notas de Rafael Malpartida Tirado, Málaga, Anejos de Analecta Malacitana, 2011.

 

DON OLIVANTE DE LAURA

  • Don Olivante de Laura, Barcelona, Claudio Bornat, 1564.
  • ———————, Estudio y edición de María Isabel Muguruza Roca (Tesis doctoral), Universidad del País Vasco – Euskal Herriko Unibertsitatea, 1995.
  • ———————, en Obras completas.  II, de I. Muguruza Roca, Madrid, Turner (Biblioteca Castro), 1997.
  • ———————, ed. de Enrique Suárez Figaredo, en Etiópicas. Revista de letras renacentistas, 17 (2021), pp. 1-567.

 

JARDÍN DE FLORES CURIOSAS:

  • Jardín de flores curiosas, Salamanca, en casa de Juan Bautista de Terranova, 1570.
  • ———————, Zaragoza, en casa de la viuda de de Bartolomé de Nájera, 1571.
  • ———————, Lérida, por Pedro de Robles y Joan de Villanueva, 1573.
  • ———————, Amberes, typis Gerardi Smits, en casa de Juan Corderio, 1575.
  • ———————, Salamanca, Alonso de Terranova y Neyla, 1577.
  • ———————, Medina del Campo, por Francisco del Canto, 1587.
  • ———————, Amberes, Nucio, 1599.
  • ———————, Medina del Campo, por Cristóbal Lasso Vaca, 1599. A costa de Juan Boyer mercader de libros.
  • ———————, Barcelona, Hierónymo Margarit, 1621.
  • ———————, Madrid, Sociedad de Bibliófilos Españoles, prólogo de Agustín de Amezúa, 1943.
  • ———————, Madrid, Real Academia Española, 1955 (Edición facsímil de la edición de Lérida de 1573).
  • ———————, de G. Allegra, Madrid, Castalia, 1982.
  • ———————, en Obras completas I,edición y prólogo de Lina Rodríguez Cacho, Madrid, Turner (Biblioteca Castro), 1997, pp. 495-904.
  • ———————, ed. de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir: Revista de Literatura Española Medieval y del Renacimiento, 16, 2012, 605-834.

 

Recepción socio-literaria

La obra más difundida de Antonio de Torquemada fue el Jardín de flores curiosas como atestiguan las, al menos, nueve ediciones aparecidas entre 1570 y 1621. Igualmente conoció un notable éxito fuera de España: fue traducida al francés en Lyon (1579 y 1582), en París (1583) y en Rouen (1600 y 1625); al italiano en Venecia (1590, 1591, 1597, 1600, 1604, 1612, 1620 y 1628); al alemán en Estrasburgo (1626), y otra de 1652, impresa por Sebald Köhlers; y al inglés, en Londres (1600 y 1618). El Jardín es, además, mencionado en obras, como los Diálogos de la montería de Barahona de Soto y en el Romancero general (1604). Se han sugerido también influencias en la Hermosura de Angélica y en Lope.

Los Coloquios y el Olivante obtuvieron, en cambio, una recepción bastante más discreta. La segunda edición de aquellos fue motivada seguramente por el éxito del Jardín de flores curiosas. Por los documentos en los que los hijos de Torquemada pleitean por los derechos de autor del Olivante arrebatados de manera fraudulenta a su padre se sabe que pretendían publicar una nueva edición de la novela. La existencia de esa segunda edición podría explicar la calificación de «tonel» que se le da en el donoso  escrutinio del Quijote (Rodríguez Cacho, 1991). Sin embargo, no hay ningún indicio documental de que esa edición se llevara a cabo. Del Olivante se pueden señalar, según Muguruza (1995-1997), algunos ecos en otros libros de caballerías posteriores, como Febo el Troyano (1576)  de Esteban Corbera, y la Tercera parte del Espejo de Príncipes y Caballeros (1587) de Marcos Martínez.

Pero indudablemente el autor más relevante que puede relacionarse con Torquemada es Cervantes, que parece estar familiarizado con el Jardín de flores curiosas y el don Olivante. Ambos son citados en el episodio del escrutinio del Quijote (I, 6) y, de hecho, durante mucho tiempo el de Cervantes fue el único testimonio de la auténtica autoría de esta novela de caballerías, que apareció anónima y de la que todavía en 1577 se desconocía su autor. El Olivante será citado dos veces más, una en el propio Quijote (I, 20) y otra en el entremés El vizcaíno fingido.

De ambas obras se han señalado numerosas reminiscencias en la obra cervantina. Así, ya Ticknor (luego seguido por Alfonso Reyes o González de Amezúa) señaló diversos ecos del Jardín en el Persiles. Asimismo, algunos de los primeros comentaristas del Quijote, como Bowle o Clemencín, señalaron paralelismos entre el Olivante y la gran novela cervantina. González de Amezúa señaló igualmente algún eco del Jardín de flores curiosas en el «Coloquio de los perros». Américo Castro, por su parte, llega a considerar a Torquemada como «autor leído y muy imitado por Cervantes».

 Más recientemente se han señalado otras concomitancias (Muguruza: 1995-1997; Montiel Nava…) que en algunos casos resultan bastante estrechas.  Si bien es cierto que la mayoría de los paralelismos o pasajes supuestamente imitados pueden remontarse a fuentes comunes (Díez Fernández), su cantidad parece indicar que al menos algunos de ellos proceden directamente de la lectura de la obra de Torquemada.

 

Recepción crítica

El estudio sistemático de la obra de Torquemada no se inicia hasta el siglo XX, primero en Estados Unidos, cuando es objeto de sendas tesis doctorales de James Harold Elsdon (1937) y George Davis Crow (1953). En España hay que esperar al último tercio del siglo para constatar el progresivo incremento de los estudios sobre la obra del secretario del conde de Benavente. Este incremento se produce de forma significativa a partir de la década de los ochenta —aunque con anterioridad hay que destacar, por ejemplo, la edición del Manual de escribientes, con su correspondiente estudio preliminar, al cuidado Zamora Vicente y María Josefa Canellada—, coincidiendo con el desarrollo de los estudios sobre el género del diálogo. Así, los estudios de Allegra (1978 y 1980) —que editará también el Jardín (1982)—, Leonardo Romero Tobar (1984a y 1984b), Lidio Nieto Jiménez (1985), Antonio Salvador Plans (1988) o Rodríguez Cacho (1988a, 1988b), entre otros, serán el preludio del despegue de los estudios sobre nuestro autor, que se producirá en los años posteriores, cuando será objeto de sendas tesis doctorales de Rodríguez Cacho (1990), Isabel Muguruza (1996), Fernando del Castillo Durán (1997) y Rafael Malpartida (2003) y se editarán sus obras completas (1994 y 1997). A partir de entonces, se incrementarán notablemente los trabajos sobre el escritor astorgano —objeto también de un congreso—, que denotan el creciente interés por su obra.

Bibliografía citada

Allegra, Giovanni, «Sobre la fábula y lo fabuloso del Jardín de flores curiosas», en Thesaurus, XXXIII/1, 1978, pp. 96-110.

Allegra, Giovanni, «Antonio de Torquemada, mitógrafo ingenuo y popular», en aa.vv., Actas del VI Congreso Internacional de Hispanistas, Toronto, Universidad, 1980, pp. 55-59.

Allegra, Giovanni, «Introducción», en Antonio de Torquemada, Jardín de flores curiosas, Madrid, Castalia, 1982, pp. 9-80.

Bataillon, Marcel, Erasmo y España. Estudios sobre la historia espiritual del siglo XVI, México, FCE, 1966, pp. 650-654.

Bowle, John (ed.), Miguel de Cervantes, Historia del famoso caballero D Q de la Mancha, con anotaciones, índices y varias lecciones por el reverendo D. Juan Bowle, Londres y Salisbury, Imprenta de Eduardo Aston,  1781, 6 vols.

Cáseda Teresa, Jesús, “Hipótesis sobre la biografía de Antonio de Torquemada y su obra literaria a partir de nuevos documentos en los archivos históricos”, Philologia Hispalensis, Vol. 38, Nº 2, 2024, pp. 167-182.

Castillo Durán, Fernando del, Las vías de lo inverosímil en la literatura española del renacimiento: la teratología en el jardín de Torquemada, Tesis doctoral Universitat de Barcelona (1997).

Castro, Américo, El pensamiento de Cervantes, Madrid, Imprenta de la Librería y Casa Editorial Hernando, 1925.

Clemencín, Diego (ed.), El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra y comentado por don Diego Clemencín, Madrid, en la oficina de D. E. Aguado, 1833-1839, 6 tomos.

Colón Calderón, Isabel, «Sobre cosas encerradas en piedras y huesos de gigantes», La maravilla escrita, Antonio de Torquemada y el Siglo de Oro,  coord. por Juan José Alonso Perandones, Juan Matas Caballero, José Manuel Trabado Cabado, 2005,  pp. 301-320.

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Cuesta Torre, María L., «Nuevas formulaciones del tópico del caballero soberbio en el Olivante de Laura de Antonio de Torquemada», La maravilla escrita, Antonio de Torquemada y el Siglo de Oro,  coord. por Juan José Alonso Perandones, Juan Matas Caballero, José Manuel Trabado Cabado, 2005, pp. 321-342.

Díez Fernández, José Ignacio, «Torquemada y Cervantes. Desde el frío con amor», La maravilla escrita, Antonio de Torquemada y el Siglo de Oro,  coord. por Juan José Alonso Perandones, Juan Matas Caballero, José Manuel Trabado Cabado, 2005, pp. 33-54.

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Garzón, José Antonio, Luces sobre el «Ingenio», el pionero libro del juego llamado marro  de  punta,  de Juan  Timoneda.  Alzira-Valencia, Centro  Francisco  Tomás  y  Valiente/Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2010.

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Malpartida Tirado, Rafael, Los diálogos de Antonio de Torquemada como realización genérica. Edición crítica de los «Coloquios satíricos», Universidad de Málaga, 2003, (Tesis Doctoral).

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Responsable: Luis Miguel Suárez Martínez.

Dr. Luis Miguel Suárez Martínez, profesor de Lengua Castellana y Literatura del IES Río Órbigo (Veguellina de Órbigo).

Revisión: Grupo de investigación LETRA.

Cómo citar y DOI del artículo: 

Suárez Martínez, Luis Miguel, «Antonio de Torquemada», Diccionario de autores literarios de Castilla y León (en línea), dir. y ed. María Luzdivina Cuesta Torre, coord. Grupo de investigación LETRA, León, Universidad de León, mayo 2025. En línea en <https://letra.unileon.es/>. DOI:  https://doi.org/10.18002/dalcyl/v0i45

Editado en León por © Grupo de investigación LETRA, Universidad de León. ISSN 2695-3846.

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